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Policías, en ridículo Reflector merecido

Terriblemente inoportuno resultó ayer el asalto a una plaza comercial situada inmediatamente a espaldas del Palacio de Gobierno, en el corazón del Centro Histórico y en hora pico por la salida de burócratas y la afluencia de clientes.

Es decir, todas las agravantes para poner en ridículo a las corporaciones policiacas estatales y municipales, además de darle, lamentablemente, la razón al mandatario Juan Manuel Carreras López, que ayer reconoció que los índices delictivos en San Luis no están disminuyendo en la entidad.

La audacia de la banda que ayer perpetró este asalto raya en el insulto. A plena luz del día, sin intentar ocultar su identidad, con el pedestre y nada discreto método de romper vidrieras a martillazos para hurtar la mercancía, en una zona de vialidad sumamente difícil a esa hora… y tuvieron éxito al logra huir con el botín.

Lo peor es que todo esto ocurrió ¡a espaldas del Palacio de Gobierno! El mensaje que da el episodio aterroriza: las corporaciones policiacas en San Luis no pueden, siquiera, proteger a la ciudadanía que se ubica a escasos metros del corazón político, administrativo y económico del estado. Si ahí no está a salvo la gente, no lo puede estar en ningún sitio de la entidad.

El asunto debería detonar despidos inmediatos. Pensar en renuncias ante la falla es pedir demasiado, pero si después de esto, no hay un correctivo ejemplar tanto en la policía estatal como en la municipal, se confirmaría la extendida idea de que al gobernador Carreras López y al alcalde capitalino, Ricardo Gallardo Juárez, la seguridad de la ciudadanía no vale gran cosa.

En el Congreso, no pueden dejar de notar el enojo en el que ha vivido los últimos días el diputado panista Héctor Mendizábal. Ayer, de plano, el presidente de la Junta de Coordinación Política, literalmente, huyó corriendo de los reporteros, que buscaban su postura en torno a las denuncias de falsificar documentos para comprobar gastos de Gestoría.

La queja constante del también presidente de la Comisión de Vigilancia es que, de una legislatura pródiga de malos diputados y de escándalos, en los últimos días, la atención se ha centrado en él.

Las facturas dudosas para comprobar una presunta compra de uniformes deportivos, la autorizaciuón para que los diputados pudieran cobrar, desde junio, hasta la mitad del aguinaldo y ser un usuario, y beneficiario, frecuente de adelantos y préstamos han puesto al diputado en el candelero.

Quizá el disgusto esté justificado, pero la extrañeza no. Al ser un factor de decisión en el Congreso, vinculado a los hechos polémicos de los que rehúye, está obligado a hacer las aclaraciones pertinentes. No le queda de otra.

¡HASTA MAÑANA!