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Cráter de San Pedro En papel, ¡¡tembló en San Luis!!

La Doctora Isabel Monroy, cronista vitalicia de San Luis Potosí, ha documentado por décadas la historia de la ciudad fundada por Miguel Caldera y Juan de Oñate, el 3 de noviembre de 1592. Por supuesto, de sus estudios, el resultado incluye la serie de evidencias físicas de la etapa fundacional de la capital potosina, 426 años después, con una traza urbana irreconocible.

Es cierto que las decisiones públicas enfrentan el divorcio entre la conservación del patrimonio y los negocios. Para muestra, el Centro Histórico de la capital potosina, donde con facilidad, un empresario importador puede convertir la casa natal del creador del Himno Nacional Mexicano en una tienda que en nada se relaciona con la patria.

Justo al norte del Palacio de Gobierno, una manzana se encuentra casi demolida en su totalidad porque los ocupantes crearon un negocio de venta de productos de informática, tecnologías de comunicación, softwares y hasta fonogramas y videos apócrifos que ninguna autoridad castiga, ya sea por omisión o por una abierta relación de corrupción autoridad-productores piratas.

Como estos ejemplos de atentados a la riqueza patrimonial, a finales de la década pasada, en el sexenio estatal de Fernando Silva Nieto y el federal de Ernesto Zedillo Ponce de León, una compañía canadiense que firmaba como “Cambior”, se presentó a realizar el trámite de un denuncio por descubrimiento de oro, justo en el cerro emblemático de San Luis Potosí.

Es verdad, como dice la doctora Monroy, que por ignorancia, los extranjeros carecen de elementos para identificar un cerro histórico. Sin embargo, las autoridades mexicanas, entre sus obligaciones, debían considerar el patrimonio de la historia de San Luis Potosí, antes de autorizar una explotación de oro a tajo abierto, y desaparecer el Cerro de San Pedro.

Se trata de un estudio del daño histórico, presentado por una investigadora seria y perfectamente documentada. No pertenece a ningún grupo de insurgencia civil, ni tampoco a los integrantes de organizaciones que piden el rescate cultural y turístico, porque ya traen consigo alguna idea para hacer negocios en el sitio.

Las posturas de los grupos civiles se quedaron rebasadas. No pudieron con la demolición del cerro, pero la acción demostró que sí es posible pasar por encima de la historia, para consolidar un jugoso negocio que no se quedó en San Luis Potosí, con la complicidad de las autoridades de la época.

Y para variar el tema, y a propósito de actitud destructiva, con el dinero ajeno y el gusto propio, autoridades desviaron dinero de los sismos de 2017, para entregar dinero a la reparación de inmuebles en San Luis Potosí, bajo el pretexto de estar empadronados en el inventario de fincas dañadas por los terremotos.

Una de tantas obligaciones de las autoridades, es proporcionar dinero para el mantenimiento de espacios públicos, tales como los planteles educativos. Sin embargo, desviar recursos de las víctimas de los sismos, es equivalente a quitar las lentejas a un menor, para darlas de comer a la mascota, aún si hubiera dinero para comprarle alimento especial y alimentar sin problema al infante de la casa, con lo que le corresponde.

¡¡HASTA MAÑANA!!