Lalo, de la “Trilogía”… al Everest (FOTOGALERÍA)

Eduardo Rueda Guerra, alpinista potosino que en cinco días conquistó las elevaciones más grandes de México, ahora busca llegar a la más grande del mundo

Una cruz de metal detrás él, la temperatura gélida que llega hasta los huesos y el rayo del sol que refleja la sombra del guante sobre el reconcomiendo de haber alcanzado la “trilogía” volcánica, es la mejor postal de Eduardo Rueda Guerra, alpinista potosino que en cinco días recorrió algunas de las elevaciones más grandes de México.

Ya lejos del hielo, del oxígeno denso que pesa para respirarlo y del susurrar del viento helado, el alpinista narra en la oficina de su hogar, ubicada al poniente de la ciudad, la mejor vivencia de su existencia, que hace varios años no hubiera concebido cumplir.

Relata que previo a esta aventura estuvo en el Monte Kilimanjaro, situado en el país africano de Tanzania, donde presentó un lapso de “ni para arriba, ni para abajo”, que lo hizo pensar que ahí quedaría su humanidad, sin embargo, la fortaleza emocional por su familia lo hizo salir avante y concluir la travesía.

Antes de aventurarse en el alpinismo, sufrió un terrible accidente que le dejó como saldo la espalda rota, dos hernias, lesiones en rodillas, esternón, tórax, hombro, fractura de cráneo y más de 45 fisuras en el rostro, que poco a poco superó hasta llegar a estos alcances.

Admite que da temor atreverse a subir grandes volcanes, pero si se va preparado en lo físico y lo emocional los miedos disminuyen, pues, al contrario, cuando alguien decide tomar esas decisiones sin la debida preparación es ahí donde surgen los accidentes y sucesos fatales.

“Hay que ser inteligentes de cuándo sí continuar, y de cuándo desgraciadamente uno tiene que parar, regresar y esperar mejores oportunidades (…) Cuando tú vas subiendo, es cuando probablemente tiene que estar muy concentrado en lo que estás haciendo”, refiere el escalador mientras sonríe y se toma las manos.

En su descenso de las diferentes montañas, expresa con seriedad y quietud, haber observado muchas cruces de otras personas que intentaron ascender o descender, pero no lo lograron por desgracia.

Narra que, en medio de las bajas temperaturas y la inmensidad del relieve, iba acompañado de un guía; en ciertos puntos amarrado con arnés y sobre todo, utilizando piolets o herramienta de montañismo para sujetarse, y así evitar cualquier incidente.

Durante el ascenso una prueba importante era el vértigo, esa sensación de voltear hacia abajo y “!Ayyyyyyy¡”, expresa entre risas al recordar cómo sentía cada parte de su cuerpo, que parecía caía al vacío por la fuerza de gravedad.

“Tienes que…. pues…tranquilizarte…y pues no ponerte nervioso. Cuando uno se pone nervioso y entra en pánico, es cuando ya no reacciona bien y no sabe qué hacer…y entonces respirar profundo, y hasta disfrutarlo ¿No?”, recomienda el deportista.

El potosino conquistó el Nevado de Toluca con 4 mil 680 metros de altura, entre ocho y nueve horas; el Iztaccíhuatl con 5 mil 230 metros en alrededor de 17 horas; y en el Pico de Orizaba con 5 mil 636 metros de altitud en aproximadamente 10 horas, en todos los casos de subida y bajada.

La elevación del Pico de Orizaba o Citlaltépetl, compartida entre las entidades de Veracruz y Puebla, es la más alta de México, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

ARRIBA DE LAS NUBES
Rueda Guerra exterioriza que, en la última cúspide, en el Pico de Orizaba, las vistas marcaron su vida. Observarse por encima de las nubes y estar tan cerca de las estrellas fugaces y otros astros por la noche, convierten la estadía en un momento único.

Una vez tomada la cima de las montañas no concluye la aventura, pues el descenso es más complejo que el ascenso; diferentes músculos se mueven, el impacto es mayor y las lesiones surgen de forma sorpresiva.

“Físicamente me siento bastante bien, creo que llegué bien preparado…algo lastimado de los pies porque precisamente (andas) probando equipo como botas, y lastima mucho. Psicológicamente sí cansado, porque son muchas horas de concertación”, comenta en tanto suena el teléfono para anunciar una llamada que no responde.

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