Se viene la depresión post-vacaciones

El regreso a la rutina tras las vacaciones, los gastos acumulados y la presión por "empezar bien el año", pueden detonar un malestar emocional que muchas personas confunden con una simple tristeza pasajera. Sin embargo, detrás de lo que suele llamarse "depresión post-vacaciones" pueden ocultarse síntomas de un trastorno depresivo que ya estaba presente y que requiere atención profesional.
El coordinador de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), Alfredo Meza Covarrubias, explicó que la depresión, como trastorno mental, se caracteriza por un malestar clínicamente significativo que va más allá de una reacción emocional. Entre sus principales manifestaciones se encuentran la pérdida de interés o placer por actividades que antes resultaban satisfactorias, tristeza la mayor parte del tiempo, alteraciones del sueño, cambios en el apetito —ya sea aumento o disminución, aislamiento social y dificultades para mantener la rutina diaria.
El especialista señaló que, cuando estos síntomas persisten o comienzan al término del periodo vacacional, es posible que las vacaciones solo hayan encubierto una condición previa. En estos casos, subrayó la importancia de revisarlo, ya que la depresión suele ser un trastorno de larga evolución y, en muchos casos, crónico. Si no se busca ayuda, pueden aparecer ideas o fantasías relacionadas con dejar de existir, que posteriormente se transforman en una ideación suicida más estructurada, acompañada de desesperanza constante y melancolía, lo que vuelve más difícil que las personas cercanas identifiquen la gravedad de la situación.
Meza Covarrubias precisó que la depresión no es estacional ni depende de una fecha específica, aunque en esta época del año existen factores que pueden aumentar la vulnerabilidad de quienes ya la padecen. Indicó que se trata de una condición clínica que se identifica cuando los síntomas se presentan durante más de dos semanas la mayor parte del día, e incluyen tristeza persistente o pérdida de interés, alteraciones claras en el sueño, el apetito, la energía y la concentración, sentimientos de culpa excesiva, desesperanza y un impacto funcional en el trabajo, el estudio o las relaciones personales. Enfatizó que este trastorno no desaparece con fuerza de voluntad y requiere atención profesional.
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Como recomendaciones generales, el coordinador de Psicología de la UASLP destacó la importancia de generar una red de apoyo y asumir que no todas las personas atraviesan estas fechas de manera positiva.
Señaló que no sentirse bien no es algo negativo y que es necesario aceptar la propia realidad emocional. Entre las acciones básicas, mencionó mantener rutinas esenciales como el sueño y la alimentación, evitar el aislamiento social y moderar el consumo de alcohol, ya que este funciona como un depresor del sistema nervioso central y puede agravar síntomas ansiosos o depresivos.
Finalmente, llamó a reducir la autoexigencia emocional, darse permiso de no estar bien y pedir ayuda. A nivel social, recomendó buscar contacto significativo no forzado, nombrar los sentimientos y hablarlos con personas cercanas. Reiteró que, si los síntomas persisten durante dos o tres semanas y generan un malestar significativo que interfiere con la vida cotidiana, como dejar de acudir al trabajo o abandonar la rutina habitual, es indispensable buscar atención psicológica.
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