VIDEO | Los hombres de humo y tierra
Lejos de negar que colaboran en la contaminación, la comunidad ladrillera explica qué representa formar parte de un gremio estigmatizado

¿Y vas a hacer una noticia amarillista?, ¿Si sabes que aquí no solo contaminamos nosotros? y ¿Qué quieres saber?, así es como inicia de tensa la entrevista con un grupo de ladrilleros, quienes a través de una asociación civil buscan dignificar su empleo y explicar a la sociedad que su actividad surge de la segregación social y de una herencia familiar.
Son las 10 de la mañana en la Quinta Privada de Josefa Ortiz de Domínguez, epicentro de la industria ladrillera y punto de reunión a donde arribaron de uno en uno parte de los ladrilleros integrantes de la Asociación de Ladrilleros Las Terceras, organización constituida en 2002 y que desde entonces dejó de usar en sus quemas la pedacería plástica y optaron por desechos de madera.
Al fondo, empleados colocan alrededor de 16 mil piezas en el horno y amasan la base terrosa, de entre los cinco miembros que decidieron dialogar don Enrique Rodríguez Narváez decide tomar la batuta y convertirse en el portavoz, destaca por su capacidad argumentativa y firmeza para defender su trabajo.
En una pequeña mochila lleva documentos sobre los antecedentes de la industria ladrillera, rememora que la comunidad de Las Terceras se dedica a ese trabajo artesanal desde hace tres o cuatro generaciones, teniendo como origen el barrio de Tlaxcala y que posteriormente se extendió hasta la colonia Guanos y la Potosí Rioverde.
Sin embargo, la urbanización de la capital las fue expulsando hacia la periferia hasta llegar a lo que hoy en día es el centro operativo ladrillero, caracterizado por el abandono de las autoridades municipales y estatales, en muchas de las viviendas todavía hay pisos de tierra, carecen de una red de drenaje y el pavimento en las vialidades es casi un lujo.
Serio y atento a los cuestionamientos, don Enrique describe su actividad como un empleo libre y artesanal, en el que cada persona define sus ingresos, pues de acuerdo con sus necesidades, redobla esfuerzos e incluso con apoyo de su familia puede alcanzar unos pesos extras.
Aunque el grupo ladrillero ha colaborado con las autoridades para lograr un censo, no se tiene un número establecido, sin embargo, las estimaciones contabilizan alrededor de 100 fábricas que dan empleo a tres o cuatro familias y suman cerca de 400 personas.
Vivir en la exclusión
El uso de basura diversa y otros residuos no siempre fue la constante para lograr la combustión de los hornos, anteriormente utilizaban desechos de palma y leña de mezquite, no obstante, con el crecimiento acelerado de la capital tales insumos dejaron de ser accesibles y el sector norte se convirtió en el basurero de facto; de ahí surgieron los nuevos combustibles.
"Entonces quedamos inmersos en esa situación social o cultural de que los desechos de la ciudad vienen a la parte norte, porque la parte norte nos ha tocado ser, les digo yo, la parte que toda ciudad tiene donde se extraen los materiales y también llegan los desechos", dice uno de los compañeros mientras "amona" o acomoda ladrillos en el piso para que se oreen.
Lejos de mostrar un posicionamiento incendiario, en su lugar contrapone una verdad casi irrefutable: de las perforaciones realizadas en la zona norte emana el tepetate, un material de relleno y útil para la construcción de las residencias y los fraccionamientos en otros puntos de la urbe, que terminan por convertirse en tiraderos clandestinos.
Casi retomando el "aquí nos tocó vivir" de la periodista recién fallecida Cristina Pacheco, don Enrique subraya que, a partir de ese contexto sus antecesores y quienes hoy se dedican a ese empleo decidieron generar economía con los desechos y ese manejo los volvió visibles ante la sociedad para ser considerados como los contaminantes de la zona norte.
"En nuestra opinión no somos los únicos, sino que en esta parte es donde está el tiradero municipal, están los hoyos donde se saca la arena, el tepetate y luego en ese mismo lugar vienen a depositar los desechos de la ciudad. No se ha tomado en cuenta que aquí se recicla. Ese es un estudio que yo sí pediría que se hiciera, ¿Cuántas toneladas de la parte norte se reciclan de todos los desechos de la ciudad?", sostiene.
Además de criticar que las políticas gubernamentales tampoco han colaborado para que el gremio tenga más aspiraciones que solo producir material para la construcción, reciclar basura y recoger escombros.
Prueba de ello, es que no existen universidades, hospitales, preparatorias o centros de trabajo que permitan a sus vecinos considerar otras fuentes de empleo y generar una idea de superación.
La otra cara del ladrillo
Como todo trabajo remunerado, se requiere de una actitud proactiva, colaborativa y resiliente para tomarle respeto, dedicación y constancia a la producción de ladrillo, pero con mucha más energía, pues en la actualidad un empleado obtiene entre 500 y 600 pesos por la producción de mil piezas.
Para ello, se debe preparar la pasta, fabricarlos, secarlos y acercarlos al horno para que se cuezan. El jornal varía, pues cada ladrillero define su horario e ingresos, incluso puede recibir apoyo de su familia para llegar a la cuota.
Las ladrilleras no están encendidas diariamente, si un horno promedio, con capacidad para 16 mil unidades se llena al tope, la producción se logrará en una o dos semanas, según el número de trabajadores, después se enciende el horno entre 18 y 20 horas.
"O sea, el horno no está las 24 horas o por lo menos tres o cuatro días quemándose. Nada más es un día por ladrillera", explica el entrevistado.
Aunque bien podrían cambiar de giro, por ejemplo, construir block de cemento, considera que la competencia frente a las grandes cementeras los pondrían en predicamento por no tener la misma capacidad.
Aunado a ello y si bien el block gana terreno, la demanda sostenida de la industria de la construcción por utilizar el material color naranja ha impedido que los productores consideren otra fuente de ingresos económicos.
"Nosotros como ladrilleros es lo que queremos, que la autoridad vea y que los medios de comunicación también lo digan, que no nada más digan: ´ah, los ladrilleros son los únicos que contaminan´. ¡No!, también vengan a ver la realidad de que somos fuente de trabajo, fuente de recolección y fuente de reciclar", enfatiza el elocuente y analítico ladrillero.
Para terminar. Le pregunto: ¿Cuál sería ese mensaje que les dice como gremio a las autoridades, a la población que los tiene estigmatizados o señalados como los contaminantes de la ciudad?
- Nosotros como grupo ladrillero queremos decir que estamos en proceso de precisamente buscar una alternativa y siempre hemos estado dispuestos desde el 2000 o antes del 2000 que nos comenzamos a organizar.
"Sí tenemos que decirle a las autoridades y a la sociedad en general, que el hecho de que vean humo no quiere decir que es una contaminación extrema, ni una contaminación que debe de erradicarse, mejorarse sí, pero no somos los únicos; ni generamos nosotros todos los desechos que utilizamos para trabajar. No son de las ladrilleras, son de la sociedad".
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