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EL NUEVO TERROR: LÉANME POR FAVOR

“polifonía” Vanessa Cortés Colis

Por Redacción

Noviembre 25, 2023 03:00 a.m.

A

Pensé en hacer una especie de cronología sobre la novela de terror de nuestro tiempo, si remitimos a que el miedo es el sentimiento más profundo, potente, básico y necesario con el que nacemos, y cómo este tema en la literatura o el arte ha evolucionado y diversificado sus elementos o características. Trataré de ser breve para llega a una reflexión de mi interés.

Se considera la primera novela de terror, “El castillo de Otranto” de Horace Walpole, de 1764 sobre todo por sus características góticas. El misterio, el horror a lo desconocido estaba estrechamente relacionado con los ambientes góticos o atmósferas perturbadoras, digamos que el miedo provenía de un “más allá”, no controlado por nuestra especie.

Después el miedo comienza a bajar a la tierra, me refiero a que ya no proviene de los cielos ni de los infiernos, sino que está en nuestro hábitat. 

Estoy hablando del siglo XVIII y XIX donde los seres extraños, monstruosos, deformes, especies que no eran consideradas humanas, son los que provocan el miedo o terror. Comienza esa imagen de temor a la otredad, al “outsider”, al que sin no se parece a mí, entonces es de temer, como ejemplo “Drácula” (1872) de Bram Stocker o la versión femenina de “Carmilla” (1897) de Sheridan Le Farnú, los vampiros a los que se ha que temer; pero no solo esos seres demoniacos, sino también los más sensibles y amorosos personajes de “Frankenstein” y el jorobado de “Nuestra señora de París” quienes por el hecho de sus malformaciones, y, bueno -el verdoso engendro creado por el doctor Frankenstein que a cualquiera espantaría- son los representantes de las especies que asustan por su aspecto físico sin importar la carga de sentimientos positivos que poseen. Otra vez un problema de alteridad.

Ya a finales del S. XIX y en el XX, el terror no solo está en el planeta, sino que también en lo objetos y animales: el cuervo, el gato, la escoba, las arañas, las serpientes, o “La Gallina degollada” de Horacio Quiroga.

Los maestros de estos relatos son Allan Poe y Lovecraft y remata hasta nuestros días el escritor Stephen King, maestro del factor sorpresa, uno de los que conjuga todo lo antes mencionado, pero además, nos dice que a quién debemos temerle es al de enfrente, al vecino, al otro como yo, o al asesino serial con aspecto encantador. Muy bien, disculpen la brevedad del asunto, pero quiero llegar al nuevo terror de nuestros días y voy directo al tema “trending” de la semana pasada: la muerte del Magistrade Ociel Baena. ¡Vaya, tema! Pero no en las inconsistencias de las investigaciones legales de las que soy neófita (y que tampoco me creo), sino al odio, a la más extrema repulsión cargada de violencia filosa que corta los hilos del respeto, paz y libertad humana con que se teje una sociedad. Esa aversión del público, civiles, de la gente como tú y como yo.

Esos discursos sin un fundamento son lo que provocan miedo y horror ¿quiénes somos para festejar el asesinato de una persona? ¿Con qué derecho nos atrevemos a decir “se lo merecía”? “ “¡Para qué anda en esas!”, “…es lo mejor que le pudo pasar al país”, “acaben con esas escorias”. ¿Es verdad eso que he leído? ¿Qué hay o más bien, qué no hay en esos corazones desalmados y carentes de rastro humanitario?

La diferencia, su valentía lo llevó a una muerte manchada aún más por el aniquilamiento público. Es la muestra clara del nuevo terror, el de la diferencia. ¿Y si les contara que cuando las mujeres hacían su aparición, exigían, denunciaban, hablaban, pensaban, las reacciones eran las mismas? Sí, sí, cuando el otro, el diferente, al que oprimo, despierta, y entonces lo convertimos en un monstruo. Yo me fascino con las primeras personas en algo, los que marcan una escisión en el devenir del tiempo. El/la/elle magistrade Baena fue el primero, primera, primere (cuando una inocente letra también molesta) en obtener un documento oficial como no binario o binarie, eso es un avance, un eslabón para la construcción de la democracia y la evolución de nuestra especie. ¿Por qué el odio? El miedo paraliza, el espanto no permite avanzar si no somos conscientes. Más allá de la manifestación al desagrado de lo diferente, lo que esas voces provocan es el tropiezo y resquebrajamiento de un bienestar social en todas sus dimensiones.

Este es el nuevo terror en las palabras, el emitido bajo la capa de la ignorancia o el anonimato, el de una clara carencia de amor que se manifiesta en las heridas de esa crianza llena de temor, o quizá de horror. Si oye algo así, no sea indiferente, coméntelo, dialogue con sus hijos, con el de enfrente, seamos conscientes de lo que las palabras pueden construir, pero también destruir con consecuencias lamentables. En público auto llamado “normal” es donde se instala la nueva historia de terror.