EL SOL NO BRILLA TANTO COMO DIOS

EL SOL NO BRILLA TANTO COMO DIOS

Hay astros que brillan demasiado, y cuya luz 

puede cegarnos.

También existen las lumbreras, que nos 

dejan admirados.

Pero todo lo que alumbra, algún día tendrá que apagarse; para ceder el paso a la luz que brilla eternamente. 

El sol, con su luz incandescente, llega a cegarnos; pero la luz de Dios cura la ceguera y nos permite ver más allá de nosotros mismos.

Hay hombres que brillan y astros que iluminan. Pero, todos ellos, algún día tendrán que apagarse, para que solo brille la luz divina.

Por eso, no hay que encandilarse con la luz de los astros; ni confundirlos 

con divinidades. 

No hay que cegarnos con lo que brilla. Porque: "No todo lo que brilla es oro".

Por tanto, no confundamos lo humano con lo divino.

Hay que considerar, que lo grande y poderoso, algún día tendrá que acabarse.

Hoy lo dice el Evangelio: "Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero 

se conmoverá.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad" (MC.13).

No hay porqué temer la llegada del fin, porque éste, es el comienzo de una vida feliz; ahí, donde ya no nos va a faltar Dios.

Los astros dejarán de brillar, para que Dios alumbre nuestra vida. Porque los astros nos distraen y nos apartan del camino que conduce a Dios. 

Y mientras estemos en este mundo, cualquier cosa puede encandilarnos, y hacernos adorar hasta a los astros. 

Pero cuando llegue el fin, nuestros ojos, se fijarán solamente en la luz de Dios.

Por eso, cuando Jesús anuncia el fin del mundo, nos está dando un mensaje de esperanza. Porque nos dice, que el mal tiene que desaparecer. 

Por tanto, no temamos la llegada del fin, porque éste, anuncia el arribo de una vida feliz, con la presencia de Dios.

El anuncio del fin, no es para que nos llenemos de temor; es más bien, un motivo de esperar, la liberación de todos 

nuestros males.