NO CONFUNDAS A DIOS CON EL HOMBRE

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Dios, no es el hombre. Por tanto, no culpes a Dios, por la maldad humana; ni rompas con Dios, por culpa del hombre.
El Señor, es mucho más que toda la humanidad. Aunque, por la maldad del hombre, hemos dejado de creer en Dios.
Podríamos evitarnos muchas decepciones, si dejáramos de idealizar a los hombres, cómo si éstos fueran dioses.
Ya que, no hay un hombre perfecto. Lo perfecto, no es humano; y la perfección, es la que viene de Dios.
Por eso, si en verdad queremos encontrarnos con Dios, hay que partir de lo bueno que hay en el hombre; pero, no quedar estacionados en lo humano, cómo si esto,
fuera Divino. Todo lo bueno, viene de Dios, y lo malo, viene del hombre; que se deja aconsejar por el maligno.
Algo nos dice San Agustín, en sus confesiones: “pregunté al mar y a los abismos y a los seres vivientes que se arrastran y respondieron: no somos tu Dios; busca más arriba, pregunté al cielo, al sol, a la luna, a las estrellas: tampoco somos nosotros el Dios que buscas, respondieron, me dirigí entonces a mí mismo y me dije: ¿Tú quién eres? Y respondí: “un hombre”. (Conf. Lib.10, cap.VI).
Y en efecto, eso es lo que somos: “solamente un hombre”.
Y nadie tiene porqué esperar, que lo grandioso venga
del hombre.
Lo Divino, viene de Dios, a través del hombre, pero sin que éste, deje de ser un hombre.
Toda la creación, nos impulsa a voltear hacia Dios; pero, lo creado, no es divino.
Y hoy, nos dice el Evangelio, la declaración de Juan el Bautista: “el que viene después de mí, tiene precedencia sobre mi, porque ya existía antes que
yo”. (Jn.1)
Juan el Bautista, nos lleva hacia Dios, el no se apunta
así mismo.
Los hombres, somos imagen y reflejo de Dios, pero no
somos Dios.
Y el siervo, tiene que desaparecer, para que Dios, ocupe el centro de la vida.
Por tanto, no te fatigues queriendo encontrar a Dios, dónde sabes que no está; búscalo más allá de lo creado, y así, podrás encontrar la paz.
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