NO HAY QUE ANGUSTIARSE, BASTA CON ESCUCHAR

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
No hay que adelantarnos a determinar nuestro destino, primero hay que detenernos, y estar dispuestos a escuchar.
Porque si la vida cambia en un instante, la voz de Dios, permanece estable.
El Señor, se manifiesta de diferentes formas, y en distintas circunstancias; pero, su voz, siempre esta presente.
Dios habla en las tinieblas, tanto como en la luz.
Aunque, la tentación del hombre, es aferrarse a permanecer en la misma situación; y olvida, que todo es pasajero.
Hay que vencer, nuestro temor al cambio; ya que la vida, está siempre en movimiento.
Algo similar le sucedió a Pedro, y hoy, lo dice el Evangelio, refiriéndose a Jesús: “Ahí se transfiguro en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas cómo la nieve…Entonces Pedro le dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. ( Mt.17).
Y, a muchos, nos pasa lo que a Pedro, que nos invade la tentación, de quedarnos en el mismo sitio, y apegarnos a las mismas ideas.
Pero esta vida, está hecha para caminarla. Y Dios, siempre nos tiene reservada una sorpresa.
No hay que temer al cambio, porque si todo se mueve, Dios permanece firme; Él, nunca se aleja, y siempre está dispuesto, para ayudarnos a enfrentar lo inesperado.
Dios nos habla de muchas maneras, pero hay que estar dispuestos a descifrar su lenguaje. Porque el Señor, nunca enmudece.
Dios Padre, nos aconseja ser fieles a la escucha, así lo dice el Evangelio: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”.(Mt.17)
En la dificultad, no hay que darse por vencidos; todo es cuestión de paciencia, y Dios responderá.
No tengamos miedo a perder lo pasajero; porque lo mejor, es lo que siempre permanece.
Algo que no se debe olvidar: es que a pesar del cambio, Dios va a estar siempre con nosotros.
No dejemos de escuchar. Porque, a pesar del dolor y la desesperación, contamos siempre con la voz de Dios, que hoy nos dice: “Levántense y no teman”. (Mt.17).
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