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NO HAY QUE ANGUSTIARSE, BASTA CON ESCUCHAR

Por PULSO

Marzo 05, 2023 03:00 a.m.

A

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.

No hay que adelantarnos a determinar nuestro destino, primero hay que detenernos, y estar dispuestos a escuchar.

Porque si la vida cambia  en un instante, la voz de Dios, permanece estable.

El Señor, se manifiesta de diferentes formas, y en distintas circunstancias; pero, su voz, siempre esta presente.

Dios habla en las tinieblas, tanto como en la luz.

Aunque, la tentación del hombre, es aferrarse a permanecer en la misma situación; y olvida, que todo es pasajero.

Hay que vencer, nuestro temor al cambio; ya que la vida, está siempre en movimiento.

Algo similar le sucedió a Pedro, y hoy, lo dice el Evangelio, refiriéndose a Jesús:  “Ahí se transfiguro en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas cómo la nieve…Entonces Pedro le dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. ( Mt.17).

Y, a muchos, nos pasa lo que a Pedro, que nos invade la tentación, de quedarnos en el mismo sitio, y apegarnos a las mismas ideas. 

Pero esta vida,  está hecha  para  caminarla. Y Dios, siempre nos tiene reservada una  sorpresa. 

No hay que temer al cambio, porque si todo se mueve, Dios permanece firme;  Él, nunca se aleja, y siempre está dispuesto, para ayudarnos a enfrentar  lo inesperado.

Dios nos habla de muchas maneras, pero hay que estar dispuestos a descifrar su lenguaje. Porque el Señor, nunca enmudece.

Dios Padre, nos aconseja ser fieles a la escucha,  así lo dice el Evangelio: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”.(Mt.17)

En la dificultad, no hay que darse por vencidos; todo es cuestión de paciencia, y Dios responderá. 

No tengamos miedo a perder lo pasajero; porque lo mejor, es lo que siempre permanece.

Algo que no se  debe olvidar: es que a pesar del cambio, Dios va a estar siempre con nosotros.

No dejemos de escuchar. Porque, a pesar del dolor y la desesperación, contamos siempre con  la voz de Dios, que  hoy nos dice: “Levántense y no teman”. (Mt.17).