PROBLEMAS DE CONVIVENCIA con ADOLESCENTES

LA COMUNICACIÓN, SABER ESCUCHAR Y EL RESPETO SON ESENCIALES PARA UNA BUENA SOLUCIÓN

PROBLEMAS DE CONVIVENCIA con ADOLESCENTES

La convivencia nunca ha sido un asunto sencillo, pero si uno de los integrantes que forma parte del núcleo familiar es un adolescente, todavía puede tornarse más complicada. 

Hablamos de una etapa repleta de cambios y actitudes.

Un tránsito entre la infancia y la edad adulta que es temido por muchos padres quienes, la mayoría de las veces, no saben cómo deben actuar ante la rebeldía y disconformidad de sus hijos.

RETOS

La adolescencia no es una etapa necesariamente problemática por sí misma, si bien es cierto que aparecen diferencias

y discrepancias.

Hemos de tener en cuenta que en esta fase crece su autonomía e independencia, a medida que deben afrontar los nuevos retos que entraña su propio desarrollo y maduración, a nivel biológico y psicológico.

A esto hay que sumarle otros aspectos tan importantes como las relaciones afectivas y las exigencias de la vida escolar.

RIESGOS

Todo ello hace que sea un momento lleno de oportunidades, pero también de riesgos.

De ahí la importancia de que exista una convivencia confortable en casa, que servirá de protección y, además, puede contribuir a desarrollar todo el potencial que encierra esta etapa. 

PANDEMIA

La pandemia ha evidenciado la relevancia de la convivencia, puesto que ha puesto a prueba dicha convivencia y la capacidad de las familias para afrontar y gestionar los cambios que la pandemia ha producido.

CONFLICTOS

Desde las normas de casa hasta la falta de implicación en las tareas: estos son los problemas más habituales.

DIFERENCIAS

En general, vivir con un adolescente no significa que la vida diaria esté llena de conflictos, pero sí puede acarrear ciertos problemas. 

Al fin y al cabo, nuestros hijos adolescentes han ido creciendo, diferenciando más su identidad personal, sus intereses, necesidades y aspiraciones.

ASPECTOS

Y aunque todavía se compartan cosas con ellos, padres e hijos son distintos en muchos aspectos. Estas diferencias se traducen en la contraposición, la discrepancia y la controversia, que desencadenan, a su vez, en los indeseados conflictos. 

Sobre todo, si se enfrentan esos intereses opuestos de los papás e hijos.

SITUACIONES

Algunas de las situaciones y de los motivos más comunes de conflicto son:

Organización general de la vida familiar, lo que suele generar discusiones.

Como, por ejemplo, una falta de acuerdo sobre la hora a la que el adolescente debe llegar a casa por la noche. Malestar por la distinta forma de entender lo que es el orden y el desorden en la habitación de los hijos.

Falta de implicación de los hijos en las tareas de casa.

Discusiones en cuanto a los gustos personales en aficiones, arreglo personal y amistades.

Inicio en el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.

Al igual, por discrepancias ideológicas y políticas.

El inicio de las relaciones afectivas del adolescente.

Problemas en el desarrollo escolar o abandono escolar.

Dudas e incertidumbres de los hijos respecto a su proyecto de vida, y dificultades para hablar de sus dudas con sus padres.

El primer paso será reconocer la existencia de todas estas diferencias para afrontarlas y resolverlas de manera satisfactoria.

IMPACTO

El impacto que tengan todos estos problemas tanto en los padres como en los hijos dependerá de cómo se afronten en la comunicación familiar. 

A pesar de lo que se suele pensar, pueden suponer una oportunidad para fortalecer los lazos afectivos entre padres e hijos, basándose en el respeto y poniendo en valor todas las identidades personales que forman parte de un nosotros, es decir, la familia.

Por ello, hay que afrontar los problemas y conflictos de esa manera constructiva.

Algo que, en muchas ocasiones, no es fácil porque los conflictos pueden distanciar y provocar malestar en padres e hijos.

OBSTÁCULO

Es como si se estableciera una contienda entre ambas partes, en la que una gana y la otra pierde. 

Se observan como un obstáculo, y la única forma de solucionar el problema es removerlo. 

Lo que ocurre es que de una guerra nadie sale indemne, y al final, esto deja heridas en la convivencia.