Sábado Santo

Sábado Santo

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Los cristianos oran en silencio y esperan la resurrección del Señor

En los primeros siglos, dentro de la historia de la Iglesia, el Sábado Santo se caracterizaba por ser un día de ayuno absoluto, previo a la celebración de las fiestas pascuales.

Pero es a partir del siglo XVI, que con la anticipación de la vigilia a la mañana del sábado, el significado litúrgico del día quedó completamente relacionado con “Sábado de Gloria”, se le denomina popularmente hasta que las sucesivas reformas de nuestro siglo han devuelto su originaria significación.

Esperanza
El Sábado Santo debe ser para los fieles un día de intensa oración, acompañando a Jesús en el silencio del Santo Sepulcro.

Parece que la historia de Cristo ha terminado, que la causa de Dios se ha perdido. Pero Jesús desciende a los infiernos para librar a los justos de la Antigua Ley en premio a su vida de fe en las promesas mesiánicas.

El cristiano, unido a los dolores de María, sabe que el silencio de Dios en el mundo es sólo aparente y se llena de esperanza para la vida futura.

Luz del Señor
Esta es una Vigilia en honor del Señor, de manera que los fieles tengan encendidas las lámparas como los que aguardan a su señor cuando vuelva para que, al llegar, los encuentre en vela y los haga sentar a su mesa.

Vía Matris
Como parte de las ceremonias religiosas de Semana Santa que se llevan a cabo en los templos e iglesias está el rezo de la Vía Matris, que significa el camino de María de regreso del sepulcro.

Este ejercicio piadoso se llevará a cabo hoy Sábado Santo y la manera de rezarlo es contrario al Vía Crucis, se empieza de la última estación del propio Vía Crucis a la primera.

Dolor de María
Cabe destacar que no se reflexiona como en el Vía Crucis, sino que son las expresiones u oraciones que van dirigidas al dolor de María.

Con esta ceremonia se trata de estar cerca de María, por el dolor tan grande que Ella siente al regresar del sepulcro y esperar la gloriosa Resurrección del Señor.

Cuando el Vía Matris llega a la primera estación, entonces, ya se hace referencia a la resurrección y se menciona que María fue la única persona que nunca dudó de que Cristo resucitara.

Con esta ceremonia se conecta a la Semana Santa hasta la Vigilia Pascual.

Madre del redentor
La razón por la cual María es ben-decida de esta forma extraordinaria por el Señor, es por la misión que a Ella se le iba a entregar: La de ser la Madre del Redentor.

La razón por la cual cada uno de nosotros es bendecido por Dios, es porque también tenemos una misión muy especial de cara al mundo, de cara a la propia familia y de cara a la sociedad en la que vivimos.

Misión
En María se produce la preservación por parte de Dios.

María no es tocada por el pecado; en cambio los cristianos tenemos que caminar y luchar para corregir esa marca del pecado.

Sin embargo, de la misma manera en que María tiene una gracia muy especial por parte del Señor, no hay que olvidar que también nosotros la tenemos, porque tenemos la gracia de Dios para poder llevar a cabo nuestra misión.

Plan de vida
Cuando Dios manifiesta su plan en nuestra vida, también puede sentir preocupación, inquietud, incluso miedo. “No temas María”, le diría el ángel.

Símbolo de fe
Cristo no es velado porque resucitó en la noche o para esperar la resurrección, sino para expresar que se vive la espera, en la vigilancia y en la esperanza de la venida del Señor, del cumplimiento del nuevo y definitivo paso con él.

El llanto maternal, son lágrimas de amor

No hay dolor más grande, que perder a un hijo; al ser que salió de las entrañas de una madre

Pbro. Lic. Salvador González Vásquez

No hay dolor mas grande que perder a un hijo; al ser que salió de las entrañas de una madre, y que ahora, es cubierto por la tierra. El dolor maternal, es algo insufrible. Y solo las mujeres de fe, pueden con la tragedia de perder lo más amado: su propio hijo.

En la vida de Jesús, encontramos a su madre que tiene fuerza de acero, gracias a su fe inquebrantable.

Y como en todo lo humano, la madre ejerce un papel fundamental en la vida de su Hijo.

A Ella, se le ha llamado la corredentora; porque vive al lado de Jesús, sufriendo su martirio; Él, sufriendo la masacre de su cuerpo, y ella, viviendo con el alma destrozada. Es así, como la Virgen contribuye a nuestra salvación.

Meditamos la soledad de María
Hoy, es Sábado Santo, el día en que meditamos la soledad de María; esa mujer que se ha quedado sola, porque a su Hijo lo han crucificado.

Y si Jesús fue herido por los hombres, a María, como lo dijo Simeón, una espada le atraviesa el alma; presenciar el martirio de su hijo, y no poder evitarlo, es verdadero calvario.

María es una mujer de fe, ella intuye en su interior: que la muerte de su hijo no es algo estéril. Y qué del dolor, siempre surge algo nuevo. Ella, también es una mujer llena de esperanza.

No en vano, su prima Isabel le dijo: “Dichosa tú, que has creído”. Dichosa, no por lo que está viviendo, sino por la alegría de pensar, que lo mejor está por venir.

Esperanza
La Madre de Jesús, sufre, indudablemente; pero su esperanza la mantiene firme, porque “…se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”. (Benedicto XVI. Spe Salvi).

María, es una mujer llena de esperanza. Y esa virtud, la sostiene para que pueda acompañar a su hijo hasta el fin.

Pero la Virgen ha quedado sola; sola de Jesús. Ya que la soledad no es algo; sino la ausencia de alguien. Es la señal, de que alguien está faltando en nuestra vida; un ser que no debería haber partido.

El hombre, no nació para estar solo. Pero el pecado, que es una ruptura, nos arrebata lo que más queremos; para después sentir el vacío, el hueco que deja la muerte del amado.

Ama y sufre
La Madre de Jesús, tiene un papel importante en nuestra vida; es el modelo de mujer que ama y sufre, pero en silencio. Ella, tiene un corazón maternal; donde caben todos los hijos que Cristo le ha encomendado.

María, no es tentada por ninguna especie de egoísmo; ella sabe que su hijo muere por nosotros; porque nos ama. Y lejos de despreciarnos, María acepta sufrir con su hijo, y lo hace por nosotros. Y de esa manera, ella padece en el alma por los suyos.

No podía faltar, la imagen materna dentro de la Iglesia. La comunidad no estaría completa, si la Madre no estuviera con nosotros; esa mujer, que ahora sufre al ver morir a su hijo.

Pero ella, es consciente de que su dolor, dará mucho fruto. Y las penas de María unidas a las de Cristo, tocarán el corazón de muchos.