TENIENDO FE, TODO ES FELICIDAD

TENIENDO FE, TODO ES FELICIDAD

No hay felicidad cuando falta la fe; porque no podemos estar felices, mientras vivamos dudando. 

     El miedo por lo que ha de suceder, no nos permite disfrutar plenamente del día de hoy.

     Y bien sabemos, que el futuro no está en nuestras manos; y aunque tratemos de asegurarlo, siempre hay algo, que escapa a nuestro control.

     Cuando hay incertidumbre, algo está faltando; y eso, es lo que no nos deja estar en paz, ni ser plenamente dichosos.

     Ya lo decía San Agustín: "En la adversidad deseo la prosperidad; en la prosperidad temo la adversidad. ¿Qué justo medio hay entre las dos, donde no sea una prueba la vida humana?" (Conf.lib.10.cap.28).

     El vacío de la incertidumbre, sólo se puede llenar, haciendo un acto de fe. 

     Porque ésta, es la virtud que Dios nos regaló, para vivir felices, en medio de tanta incertidumbre.

      Hay que seguir el ejemplo de María, que fue una mujer dichosa, por haber vivido de la fe; y a pesar de que su vida estuvo sujeta a cambios, nunca dejó de esperar, porque vivió siempre confiando en Dios.

     María, fue una mujer feliz, porque siempre se sostuvo en la fe; y a pesar de sus problemas, se encaminó presurosa a las montañas de Judea, para ayudar a su prima Isabel, que estaba a punto de parir. Por eso, cuando María llega a casa de Isabel, ésta, la recibe con un elogio y le dice: "Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor". (Lc.1)

     Quien confía en las promesas de Dios, nunca será desdichado. Porque confiar en lo bueno, hace que la vida sea dichosa.

     Sólo con fe, es posible vivir bien; porque al confiar en un mejor futuro, podremos vivir felices, a partir del día de hoy.