el más grande enigma

The Batman, de casi tres horas de duración, incluye mucha acción, presentaciones de personajes, dispositivos y otros accesorios de superhéroes. Pero no es una extravagancia. Este “Batman” es una pieza de humor taciturno, empapada de sombras y rabia, que ha reducido los arquetipos del cómic a siluetas abstractas y personajes humanos mugrientos.
“The Batman” se basa en la precaria psicología de su justiciero protagonista. Robert Pattinson es un Batman joven, relativamente nuevo en el trabajo, que sufre mucho por las batallas nocturnas con los más depravados de la Ciudad Gótica. Lo consume un sentimiento de impotencia y la sensación de que nunca podrá detener la marea.
“Es una gran ciudad”, dice en la apertura de la película. “No puedo estar en todas partes”.
El modelo del filme es el cómic “Batman: Year One” (“Batman: Año uno”), la serie de cuatro números de 1987 de Frank Miller y David Mazzucchelli en la que Wayne se convierte en justiciero. Ese paso — un ciudadano que asume la violencia en nombre de la justicia — es en gran medida el tema de “The Batman”.
Y aunque la película rara vez es abiertamente actual, está claramente influenciada por cuestiones predominantes de justicia social contemporánea.
“The Batman”, atestada de policías corruptos y que culmina en un complot terrorista de “tipos marginales” enmascarados, refleja gran parte de nuestra sombría realidad. En el transcurso de la película, las dudas de Batman sobre quién puede impartir justicia no hacen más que crecer.






