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In-D: ¡Hasta siempre, Charlie!

Por Daniel Tristán

Agosto 26, 2021 09:09 a.m.

El reciente fallecimiento de Charlie Watts, baterista de los Rolling Stones, supone uno de los acontecimientos más relevantes en la historia musical moderna. Su muerte debe ser entendida y analizada por múltiples aristas. Su aportación al mundo de la percusión y la cultura pop, su importancia como miembro de una de las bandas angulares de la historia del rock and roll y su poco conocido rol como diseñador gráfico de la banda son algunas de las habilidades que conformaban la multifacética personalidad de Charlie.

El hueco que ha dejado Charlie Watts con su partida es enorme y difícilmente habrá alguien que pueda reemplazarlo. Su pérdida representa el comienzo del final de toda una era. Mucho se ha hablado en las últimas décadas de cómo el rock and roll, entendido como mero género musical, ha sido destronado por nuevas corrientes musicales como el pop, hip-hop, reggaeton y, actualmente, el trap. A pesar de haber sido destronado como rey de los charts, el rock and roll se mantuvo como un estilo de vida.

El ritmo de vida y excesos propios de los rockstars de la vieja guardia fue adoptado por las nuevas estrellas musicales del nuevo milenio, aunque el rock como género musical quedó olvidado y guardado en un cajón. La música no deja de evolucionar, a pesar de que son otras las corrientes que dominan el mainstream musical de hoy en día. Todas sus figuras encontraron en iconos, como Charlie y los Stones, a los mejores maestros del desenfreno. La vidas caóticas de personajes como Britney Spears o Justin Beiber mucho le deben a profesionales del “sexo, drogas y rock and roll” como Watts y compañía.

Son otros tiempos en los que la maquinaria musical ya no obtiene grandes dividendos del rock and roll y simplemente lo ha mantenido como una especie de patrimonio histórico. La muerte de Charlie representa el principio del final. A su fallecimiento, natural e inevitablemente le seguirán muchos otros que se encuentran en la línea de espera. Jagger, Osbourne, McCartney, Springsteen, Jon Bon Jovi, Iggy Pop y una larga lista ídolos del rock saben que el final está cerca.

El legado musical de estas figuras es innegable, su aportación a la cultura pop ha quedado ya inscrita con letras de oro y los libros de historia musical moderna los tendrán como referentes absolutos. Sin embargo es una realidad que enfrentamos una de las crisis más grandes de ídolos musicales.

El dominio absoluto de las plataformas digitales ha abierto la oferta musical de manera exponencial. Resulta complicado encontrar grandes figuras entre los millones de propuestas musicales a las que nos vemos expuestos día a día. Ya quedaron atrás los tiempos en los que tres o cuatro referentes incuestionables se encumbraban como dioses generacionales. La sensible partida de Charlie Watts viene a confirmar lo que ya se veía venir desde hace unos años atrás: el rock está muerto.