In-D: Daft Punk y los muertos musicales

“Debería haber un gran almacén en el mundo donde el artista pudiera llevar sus obras y desde el cual el hombre pudiera tomar lo que necesite”.
Ludwig Van Beethoven.
Es imposible detener el paso del tiempo, pasan los años, las décadas se van y el mundo se transforma a cada momento. Formamos parte de la generación afortunada de haber consumido música en una amplia gama de plataformas y formatos. Si bien no viví el apogeo de la música en vinilo, tuve la buena suerte de conocer los discos de acetato gracias a mis abuelos y a mis padres. Vi cómo mis hermanos mayores grababan sus canciones favoritas en cassetes y mi infancia y adolescencia fue regida por el disco compacto.
En tornamesa, grabadora, walkman, en el celular o en descargas de mp3. La plataforma o formato es lo de menos, la música ha encontrado a lo largo de los años la manera de filtrarse y adaptarse para permanecer viva. Es una contundente realidad que la industria musical no es la misma el día de hoy que como era hace medio siglo. Es verdad que la venta de discos tiene dos décadas de haber dejado de ser la gallina de los huevos de oro para discográficas y para las bandas.
No vayamos más lejos, la sociedad actual y la industria de la música hoy en día ya ni siquiera cuentan con el tiempo, la creatividad, ni el interés, necesarios para sentarse a desarrollar un concepto creativo que arroje material suficiente para concretar un álbum de larga duración.
Los tiempos han cambiado, el negocio de la música hoy en día está regido en su totalidad por el lanzamiento de sencillos. Actualmente la gente no cuenta con el tiempo necesario para escuchar un álbum de 45 minutos de duración. Ya han quedado en el olvido aquellos años en los que el artista contaba con el tiempo suficiente para desarrollar un concepto redondo que era respaldado por cantidades de dinero estratosféricas desembolsadas por las disqueras transnacionales.
La llegada de Internet y los servicios de descarga de mp3 a principios del siglo XXI representaron la última gran revolución de la industria. Por un periodo de tiempo disfrutamos de las mieles de consumir música sin desembolsar un sólo centavo. Pasamos de tener que gastar $200 en un disco compacto a poder descargar decenas de canciones gratis diariamente. La tecnología transformó tanto el negocio del entretenimiento que hoy en día las herramientas digitales permiten a cualquiera poder grabar música en la sala de su departamento.
El día de hoy las plataformas como Spotify y Deezer han dado acceso a un océano interminable de propuestas musicales. El filtro de calidad pasó de las manos de las grandes compañías discográficas a las del melómano. Diariamente surgen bandas nuevas en todos los rincones del planeta y cualquier ser humano con conexión a Internet tiene acceso de primera mano a su discografía.
La industria musical continúa en constante transformación. Hoy más que nunca el panorama es complicado y sería arriesgado asegurar cuál será el rumbo que tomará el negocio de la música al lograr superar el trauma que ha sufrido tras detenerse de manera abrupta desde hace ya un año.
Somos afortunados, tanto los músicos como los melómanos, de estar atravesando esta pandemia con la gran ventaja de contar con acceso prácticamente ilimitado a la música generada en cualquier coordenada del planeta. Probablemente nos encontraríamos al borde de la locura de haber tenido que enfrentar el confinamiento sin acceso a la red ni a ninguna de las plataformas digitales que, al menos, ha hecho un poco más llevadero nuestro encierro.
Mientras miles de bandas de todos niveles siguen surgiendo diariamente, otras agrupaciones consolidadas se despiden. Daft Punk, dueto francés que marcó la industria musical de las últimas tres décadas anunció su retiro esta semana. El proyecto, surgido en la era previa a la revolución de Internet, ha surfeado en los años y en las modificaciones de formatos y plataformas digitales. Si bien su retiro no derivó concretamente por la situación pandémica, si podríamos sumarlo a la lista de grandes proyectos mundiales que no verán la luz al salir de este oscuro túnel en el cual se encuentra la humanidad. Resulta triste que una banda de la talla del dúo francés no cuente con la oportunidad de hacer una gira de despedida con una multitud frente al escenario, a la usanza de la vieja normalidad. Como consuelo nos queda que su aportación a la cultura musical pop quedará inmortalizada en las múltiples plataformas digitales de música para que futuras generaciones descubran el soundtrack que ha ambientado estos tiempos tan turbulentos. Una vez que termine el caos pandémico no quedará más que hacer el conteo de los muertos reales, de los muertos económicos y de los no menos importantes muertos musicales.
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