In-D: Un año sin Vive Latino.

A todo se acostumbra uno. A lo bueno y a lo malo. A lo conocido y a lo que nos sorprende por primera vez en la vida. Se cumplió ya un año de este nuevo orden, la nueva normalidad que rige nuestro día a día desde hace poco más de 365 días. Ha pasado un año desde que se realizó el último evento musical masivo en nuestro país: La edición 2020 del Festival Vive Latino.
¿Qué estaríamos haciendo el día de hoy si no hubiera pandemia? Seguramente planeando las vacaciones de Semana Santa o tomando la carretera para llegar al Festival multicultural más importante de la escena musical independiente en México. Si bien el semáforo epidemiológico hoy nos permite realizar viajes a los destinos turísticos, la realidad es que aún se ve muy lejano el regreso a los usos y costumbres de la vieja normalidad. Las medidas de sanidad, las restricciones en el aforo de hoteles, aeropuertos y terminales de autobuses hacen palpable una tensa calma, en la que a pesar de poder salir aún no somos libres completamente.
En cuanto a los eventos masivos la situación pinta mucho más oscura que en el ámbito turístico. Han surgido algunos intentos para mantener vivo el negocio del espectáculo: conciertos por streaming, shows presenciales en autocinemas, entre muchas otras modalidades. A pesar de estos esfuerzos no podemos dejar de extrañar los conciertos a la vieja usanza.
Qué nostalgia recordar el estar hombro a hombro entre la multitud, el beber cervezas que costaban el triple de su valor real, el slam y la conexión directa entre una banda sobre el escenario y su audiencia. El último Vive Latino se llevó a cabo en un ambiente de tensa calma pues ya sabíamos de la presencia del virus en nuestro país, aunque no habíamos sentido la embestida de la primera oleada de contagios.
Entre la multitud que se dio cita en el Foro Sol de CDMX aquel marzo del 2020 un joven con gafas oscuras levantó una pancarta con un mensaje valiente, arriesgado y retador: “¡El coronavirus nos la pela!”. Esa imagen se volvió viral y se convirtió en un símbolo de resistencia ante el inminente encierro. La organización del último Vive Latino contó ya con las medidas de sanidad para el ingreso de los asistentes, a los cuales se les tomó la temperatura en los accesos. Se instalaron lavabos para que los valientes que decidieron asistir al evento pudieran lavarse las manos constantemente.
Aún así, ya dentro, la sana distancia no fue respetada y la mayoría de la gente decidió no usar cubrebocas durante el evento. Si bien la cantidad de contagios en México era baja, la realización del festival derivó en una oleada de transmisión del virus. Algunos músicos, organizadores, miembros del staff y, por supuesto, muchos de los asistentes se vieron forzados a aislarse después del festival tras manifestar síntomas de contagio.
La incertidumbre de aquellos primeros días de pandemia causó histeria pues en ese momento no teníamos acceso a las pruebas para confirmar el contagio y estábamos luchando contra un enemigo sin rostro. Al día de hoy la cantidad de muertes por el virus es exorbitante, pero también es verdad que contamos con mucha más información para poder hacerle frente al virus y ya arrancaron las campañas de vacunación. Las cosas han cambiado radicalmente en un año. El negocio de la música ha sido forzado a buscar nuevas y arriesgadas maneras de mantener viva su flama. Festivales como el “Pa’l Norte” han anunciado ya sus fechas para el 2021, aunque aún tendrán que realizarse de manera virtual.
El 2021 será recordado como el año en el que por primera vez, desde su edición inaugural en 1998, no se realizará el festival multicultural de música independiente más importante de toda Latinoamérica. El Foro Sol tendrá que esperar, al menos unos meses más, para poder albergar nuevamente a la multitud de jóvenes que conforman la tribu urbana de los melómanos, los devoradores de la cultura pop actual.
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