Ser humano es "el simio más gordo" y el que menos calorías pierde

CIUDAD DE MÉXICO, febrero 17 (EL UNIVERSAL).- Herman Pontzer, "el contador de calorías", es un antropólogo biológico que se ha dedicado, insospechadamente, a contar calorías y a desmentir la teoría que aseguraba que todos los mamíferos gastaban una cantidad de energía proporcional a su masa corporal. Este científico se ha pasado la vida contabilizando las calorías quemadas por el estrés, la actividad física e incluso la energía gastada por el sistema inmune cuando una vacuna comienza a surtir efecto en el cuerpo. Hoy, asegura que el ser humano es el primate con mayor incapacidad para perder peso y revela el porqué.
Pero los investigadores ya no sólo han estudiado el gasto tal de energía, sino también la tasa metabólica basal (TMB, por sus siglas en inglés), que no es más que la energía quemada mientras que una persona se encuentra en reposo, en la que se incluye la energía invertida en la respiración, circulación y otras funciones vitales. Pero mientras Pontzer estudiaba la forma en que los humanos queman calorías, descubrió que podía lograrlo de una forma más sencilla que colocándoles una capucha de plástico. El científico les dio de beber un cóctel inofensivo de hidrógeno y oxígeno diluido en agua embotellada. Más tarde, tomó las muestras de orina varias veces durante una semana.
"El hidrógeno marcado pasa a través del cuerpo hacia la orina, el sudor y otros fluidos, pero a medida que una persona quema calorías, parte del oxígeno marcado se exhala como CO2", explicó. De esta manera, la proporción de oxígeno e hidrógeno marcado en la orina sirve para medir cuánto oxígeno usan las células de una persona en promedio en un día y, por lo tanto, cuántas calorías se queman.
En esta búsqueda, Pontzer se percató que "entre los grandes simios, los humanos son los más atípicos", para valer sus argumentos, el experto expuso el caso de Azy, un hombre adulto que fue estudiando, de 113 kilogramos, quemó 2 mil 50 kilocalorías por día, mucho menos que las 3 mil 300 que quemaría, habitualmente, hombre de 113 kilogramos. "Los humanos machos acumulan el doble de grasa que otros simios machos y las mujeres tres veces más que otras simios hembras", expuso.
La explicación de este fenómeno, de acuerdo con el científico, se debería a la gran cantidad de grasa corporal de los humanos evolucionó junto con una tasa metabólica más rápida: la grasa quema menos energía, con el objetivo de reservar combustible. "Nuestros motores metabólicos no fueron creados por millones de años de evolución para garantizar un cuerpo de bikini listo para la playa", escribió Pontzer en "Burn".
Pero la forma ralentizada de quemar calorías no es del todo mala -reveló-, ya que la capacidad que desarrollamos como humanidad para convertir las reservas de alimentos y grasas en energía más rápido, en comparación de como lo hacen otros simios, ya que esto nos proporciona de más energía para nutrir nuestra capacidad cognitiva y cerebral, pues Pontzer recordó que el tamaño del cerebro humano representan el 20% del uso de energía por día, y estas diferencias en la anatomía son compensadas con un gasto calórico distinto a la de las otras especies animales.
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