La historia de Tayra

La historia de Tayra

11:

Antes había lápices, bolígrafos, plumas de tinta sepia, 

portaminas. Mi cajón es un museo. 

Ahora escribo en el teléfono codornices y ballestas, 

la historia de una reina roja, la sombra de un tigre sobre la Plaza de Armas. 

Estoy en la caverna. 

En esta ocasión no hay pájaros, sólo estalactitas dípteras 

que cruzan en silencio las heladas, balas de hielo. 

Es tiempo de volver a casa y colocar el reloj en una geoda: 

un acontecimiento que consiste en ser atrapado (PH). 

El tiempo no es un hilo, un poema en blanco dormita el sueño de los justos. 

La caverna es un huevo de batracio, 

de esos que hablaban con Foucault sobre la incipiente lengua de los peces. 

En esa ocasión Platón estaba ebrio y no supo traducir a la sibila, 

la metáfora era de piedra y esperaba que le brotaran alas. 

Oscurece, se hace tarde, pero tengo un bolígrafo y una moneda, 

en vez de lengua, para cruzar el Aqueronte. 

Tayra me sigue, desde luego, con el hocico blanco.

*Peter Handke