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La playa me saludo con un miau.
Es bueno hacer cortometrajes lunares, cibernéticos con cámara
en mano.
Hay congoja, se vale equivocarse.
Soy un extra y salgo vestida de otra.
La playa resguarda mi columna vertebral mastica las sandalias de goma, luego, irremediablemente, se las llevan las olas.
Se va la playa, se lleva su sal, el sonido de los charranes su piedra luminosa, también una palita morada, en todo este alboroto.
Se va con lluvia hasta los aparejos.
El cortometraje se vuelve brevísimo como el pensamiento
de un anciano.
La arena… ya no es tapete para caminar descalzo, y el mar tan sonámbulo, cámara en mano, a pesar de nada.
Aguien hace preguntas raras como:
¿de que color respiras cuando todo es invierno?








