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MINIATURAS DE XANA RAMÍREZ NEGRETE

Una forma de detener el tiempo y mirar de nuevo la ciudad

Por Estrella Govea PULSO

Febrero 02, 2026 03:10 a.m.

A

Galeria

En las miniaturas de Xana María Isabel Ramírez Negrete la ciudad se suspende. No porque deje de existir, sino porque se vuelve legible. Reducida de escala, San Luis Potosí aparece como un territorio que exige tiempo, paciencia y atención: una invitación a mirar aquello que normalmente se atraviesa sin detenerse. Sus maquetas no funcionan como simples reproducciones urbanas, sino como dispositivos que activan una pregunta de fondo: qué ciudad se mira, quién la mira y desde dónde se construye esa mirada.

LA ESCALA COMO FORMA DE ATENCIÓN

Formada en artes plásticas y con una práctica que transita entre lo autodidacta, el model making y el cine, Isabel ha encontrado en la miniatura un lenguaje propio. Desde la infancia, el gusto por construir objetos pequeños —casas, figuras, escenarios— se fue consolidando como una forma de observar el mundo. Con el tiempo, ese interés derivó en una exploración más consciente del espacio urbano, particularmente de aquellos lugares que no suelen ocupar un sitio central en la representación oficial de la ciudad.

Su acercamiento al stop motion y su participación en el departamento de arte de una serie de Netflix marcaron un punto de inflexión. Ahí comprendió que podía unir las artes plásticas con el lenguaje cinematográfico y que la miniatura no era solo un recurso técnico, sino una herramienta narrativa. Lejos de simplificar el proceso creativo, trabajar a escala implicó mayor precisión, atención al detalle y una relación más intensa con los materiales. Cada pieza demanda horas de trabajo y una toma de decisiones constante: qué incluir, qué omitir, cómo traducir la memoria en forma.

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BARRIOS FRENTE 

A LA CIUDAD OFICIAL

El interés de Isabel  no se centra en los espacios emblemáticos o turísticos de San Luis Potosí. Sus maquetas parten de los barrios, de las calles transitadas cotidianamente, de las tienditas, los grafitis, los rótulos y las fachadas que cargan con el uso diario. Esa elección es, en sí misma, una postura política. Al desplazar la mirada hacia lo que suele considerarse secundario o marginal, su obra cuestiona las narrativas dominantes sobre la ciudad y propone otras formas de entenderla.

La miniatura funciona aquí como una estrategia crítica. Al obligar a detenerse, rompe con la velocidad con la que se consume la imagen urbana y permite observar aquello que suele pasar desapercibido. Lo pequeño no aparece como algo decorativo, sino como una forma de resistencia frente a la espectacularización del espacio público. En cada maqueta, la ciudad deja de ser fondo y se convierte en protagonista.

LO URBANO COMO IDENTIDAD

El arte urbano ocupa un lugar central en su trabajo. Isabel reproduce grafitis y rótulos con un profundo respeto por quienes los crean, consciente de la dificultad técnica y del valor simbólico que contienen. Al trasladarlos a la maqueta, los saca del ruido visual cotidiano para convertirlos en memoria. No los limpia ni los idealiza; los conserva con sus marcas, colores y desgaste, entendiendo que ahí también se construye identidad.

La relación con la infancia atraviesa muchas de sus piezas. Las escenas evocan recorridos familiares, visitas a la tienda, espacios de convivencia que forman parte de una memoria colectiva compartida. No se trata de nostalgia, sino de reconocimiento: esos lugares, aparentemente simples, son los que sostienen la vida diaria y configuran la experiencia urbana de generaciones enteras.

CUANDO LA CIUDAD 

SE RECONOCE A SÍ MISMA

La recepción de su trabajo confirma esta lectura. Muchas personas identifican de inmediato los espacios representados, se reconocen en ellos y los nombran. Ese gesto —reconocer la ciudad en una miniatura— revela el alcance de su propuesta: hacer visible una ciudad que existe, pero que rara vez se mira con detenimiento.

Xana María Isabel Ramírez Negrete concibe sus maquetas como un proyecto en expansión. Su intención es seguir explorando distintos barrios de San Luis Potosí, construir un archivo visual a escala que reúna fragmentos de la ciudad vivida. En ese gesto, su obra se consolida no solo como práctica artística, sino como una forma de documentación sensible: un modo de preservar, cuestionar y resignificar el espacio urbano.

"Mirar la ciudad en miniatura no es reducirla. Es devolverle complejidad. Es reconocer que, en los detalles más pequeños, se concentran las historias, las tensiones y las identidades que la conforman", finaliza Xana María Isabel.