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La trama
El tábano se posó en el minuto equívoco, justo en aquel que se transformó en araña, en una red feroz de arena.
Ella, la araña desde luego, es extraña, sí, como una diosa egipcia, o tal vez como un efrit de cuentos antiquísimos, como una bandera en la danza interminable de la guerra.
Ella, otra vez la araña, escribe su macabra historia con la tinta del tábano, con la cálida sangre de la víctima. Después lanza el cascarón hacia el vacío y se afana en tejer un laberinto.
Debo decir que tal arquitectura está construida con espejos y que adentro vagan extraviados: Minotauro, Araña, Teseo, Ariadna, Tábano, Asterión, pero es imposible distinguirlos por efecto de la multiplicación de las imágenes. Tal vez no están, o somos tú y yo, tábano y araña, víctima y verdugo.
Pero, en fin, esta historia no importa, así es la vida, sólo existen los hilos infinitos de la trama.
El tábano se posó en el minuto equívoco, justo en aquel que se transformó en araña, en una red feroz de arena.
Ella, la araña desde luego, es extraña, sí, como una diosa egipcia, o tal vez como un efrit de cuentos antiquísimos, como una bandera en la danza interminable de la guerra.
Ella, otra vez la araña, escribe su macabra historia con la tinta del tábano, con la cálida sangre de la víctima. Después lanza el cascarón hacia el vacío y se afana en tejer un laberinto.
Debo decir que tal arquitectura está construida con espejos y que adentro vagan extraviados: Minotauro, Araña, Teseo, Ariadna, Tábano, Asterión, pero es imposible distinguirlos por efecto de la multiplicación de las imágenes. Tal vez no están, o somos tú y yo, tábano y araña, víctima y verdugo.
Pero, en fin, esta historia no importa, así es la vida, sólo existen los hilos infinitos de la trama.








