Minificciones

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Novela

Anoche pude, por fin, imaginar una novela con un intenso final que no sorprende. Todo sucede durante una playa negra y en las horas ocultas bajo un tapete que tejieron en lunes. Es compleja la historia, como un enjambre de amores extraviados que buscan una rosa blanca en un jardín silvestre.

En el momento culminante la víctima besa los ojos y la mano de la mujer que le dio muerte. En las mil páginas siguientes todo es buscar las pistas, andar en oficinas, tomar café, suponer el cementerio de los pájaros, buscar algunos detectives, tal vez limpiarse la tierra de las uñas, dormir, beber, sentir el sol cuando la nieve arrecia, ignorar el tamaño real de cada celda, estrechar la mano de algunos policías y darte cuenta, cuando miras sus ojos, de que no saben quién es el asesino.

También habrá cucharas, claveles, cangrejos, zorzales, liebres, otras mujeres, además de la asesina, que cantan historias de marinos que se tragó el desierto y desde luego relojes descompuestos.

Será sin duda una historia interminable porque cada cosa en ella: una mosca, una mancha en la pared, una copa vacía, un gato herido, un jazmín que brinda por el amor cuando anochece, en fin, cada detalle podría contar también una historia interminable.

Así que decidí acabarla en el momento en que mi personaje, al abrir la puerta para huir de una soledad que lo tortura, puede ver cómo se abre una orquídea blanca en el desierto. Sin embargo, no pienses que dicha flor es otra puerta, ni la metáfora de un amor extraño, ni siquiera una luz para surcar la noche, sólo es una orquídea equivocada que aparece cuando menos la esperas.