A-AA+
En este inicio de año, podemos recordar una de las enseñanzas fundamentales de las tradiciones orientales que, como un buen médico, nos diagnostican tanto la mayor enfermedad (el sufrimiento) de la existencia sensorial, como su antídoto (el desapego). El sufrimiento existe pero tiene una causa; al eliminar la causa el sufrimiento cesa. De esta forma podemos afirmar que le sufrimiento no es natural, ya que necesita de una condición esencial previa para su manifestación: el deseo. Este deseo se presenta con dos caras: el apego y la aversión, siendo su manifestación más común la llamada ‘resistencia’ que aplicamos a cualquier situación dolorosa, lo cual nos lleva a pretender escapar del terrible presente a través de historias mentales que, en lugar de dolor, nos provocan sufrimiento.
Cuando generamos resistencia hacia nuestra vida tenemos tendemos a perdernos en una serie de preguntas que en realidad no queremos responder: ¿por qué a mí? ¿por qué de esta forma? ¿por qué no a otro? Entre otras. Sin embargo, cuando en lugar de resistirnos decidimos indagar y encontrar el mensaje profundo de cada situación dolorosa entonces estamos aprovechando de forma constructiva y compasiva esa situación. Entonces, ¿qué es lo natural? Aquello con lo que nos regocijamos y que muchas veces lo damos por sentado o, incluso, subestimado. Cuando nos enfermamos nos damos cuenta de lo agradable que es poder respirar sin dolor, caminar sin limitaciones o simplemente poder disfrutar del día sin un dolor de cabeza. Asimismo, en términos de actitudes lo natural es la confianza, por eso se vuelve desgastante estar en una relación o en una sociedad basada en las mentiras y el miedo.
La confianza nos libera de ansiedad, por lo tanto experimentamos la naturalidad de la vida que se transforma apaciblemente. La verdad es lo natural porque se expresa libremente sin dobles mensajes ni ataques velados. Lo natural es entonces dejar de luchar con la vida y mejor deslizarse suavemente por el sendero amoroso de experiencias y situaciones que la existencia nos presenta en cada instante.








