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Quiero ser, todavía quiero dejar
el rastro marcado con mi peso,
con mi recelo, mi premura de ir,
venir en el yermo, pero se escapa.
(Hace calor, dos buitres sobre un Palo de sangre,
me sonríen, guardan su distancia, pero no se van)
El disfraz ya no me queda, busco el nirvana verde
que ya no conocí,
fue la única causa que encontré dentro del zapato.
El escorpión ciego de cien ojos,
olfatea los eufemismos.
No sabría decirle en qué parte
de la tormenta
albergó la marisma, las aves migratorias.
Soy yo que no estoy que no soy, ¿me desconoce?
Me desconozco, me borro.
Nadie pronuncia, ya mis apellidos.








