¿Reingeniería al transporte? El virus en los viajeros
Una reingeniería al transporte público, si se puede considerar así, era para hace años. En 1998, el gobierno del Estado emprendió un ambicioso proyecto de estructura integral de rutas y servicio de transporte urbano, con un sistema integrado de rutas vigente desde el 2 de abril de 1998.
El trabajo de reconstrucción de las redes de transporte, con los recursos y parque vehicular de la época, permitieron trabajar primero con 25 rutas, a las que luego fue agregada una extra, y más tarde se le agregó el ingrediente de la competencia con otras empresas tras la llegada de Transportes Urbanos y Suburbanos “Tangamanga”, con el fin de propiciar un esquema competitivo.
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Pasan las décadas, y a 24 años de aquella reestructura, un transportista experto, ya considera necesario crear esquemas que permitan nuevamente trabajar bajo sistemas competitivos, ahora adaptados al nuevo escenario de movilidad económica. Al empresario Margarito Terán no le falta razón, cuando se refiere a que es necesario que el transporte público se adapte a la nueva época. Sin embargo, para que ello suceda, es necesario agregar una serie de factores, entre los que deben involucrarse en la cadena, permisionarios operadores usuarios autoridades analistas proveedores, planeación del servicio, proyección de una ciudad a futuro, y diseño de proyectos de transporte, bajo características de modernidad, optimización de recursos y funcionalidad.
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En algunas partes de la ciudad funcionan diversas ideas de conectividad, frecuencias de paso definidas, administración de los recursos para el desahogo de las tareas del transporte, y sobre todo los cálculos de itinerarios y análisis de demanda de los usuarios. Es así como a través de la décadas, algunos gobiernos dejaron legados tales como rutas de largo recorrido, itinerarios radiales y de trayectoria circular, para reorganizar la movilidad de los ciudadanos.
Ahora, enfrentar el alza de combustibles y de insumos, requiere de ideas creativas si se tiene que conservar un servicio constante, y sin afectar a los usuarios ni a los prestadores de servicio.
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Mientras ello ocurre con el transporte urbano, para el caso del aéreo y foráneo, han fijado sus propios protocolos, menos el más importante, que se refiere a los protocolos para frenar cualquier variante del coronavirus COVID-19.
En el aeropuerto y la Terminal Terrestre Potosina, hay antecedentes de acuerdos tomados con las autoridades sanitarias, para establecer controles de acceso a los autobuses, y con ello, tratar de evitar la circulación de los virus de afectación por vías respiratorias.
Entre éstos, hay diversos tipos de filtros, que impedirían a personas con determinadas características, ingresar a los autobuses y aviones, porque en automático se convertirían en transmisores.
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Sin embargo, mientras avanza la pandemia y se desahogan los protocolos, abunda el personal en empresas que no cumple con su responsabilidad de evitar la circulación del virus.
Por igual, es posible detectar la negativa a utilizar el cubrebocas, filtros sanitarios de “autoservicio”, ausencia de personal que permita detectar personas sospechosas de contagio, y circulación libre de viajeros, a pesar de las versiones existentes de usuarios, de que el coronavirus fue adquirido a raíz de un viaje. Vienen sanciones para los incumplidos.
Ahora resta saber si van acompañadas de las medidas para obligar a implementar la mitigación de riesgos.
¡HASTA MAÑANA!



