Simbiosis de policías y ladrones Los que ya envejecieron
Empezar a revolucionar el sistema de seguridad pública de San Luis Potosí no será cosa fácil. En principio, los planeadores de un nuevo cuerpo de seguridad que todavía se encuentra en etapa de discusión en el Congreso del Estado, deberán considerar el círculo vicioso en el que se han convertido los cuerpos policiales. Unos cuantos robos, por ejemplo, son suficientes para entender la estrecha relación entre los policías que cuidan las colonias, y grupos de ladrones. Ya son recurrentes las denuncias, de una inactividad policial que cada vez se nota más.
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Vecinos de colonias viven a diario la casi nula presencia policial, o incluso la complicidad de los oficiales en los que fue depositado la confianza. Para muestra, basta revisar las aportaciones de usuarios de redes sociales, que atestiguan robos en viviendas. En todos los casos, es posible correr un video de horas, y la policía no llegó o se fue. Vivir un asalto es el equivalente a quedarse con la frustración de que el delincuente salio impune. Los cuerpos policiales no funcionan para lo que fueron entrenados. De las aulas de la academia, a las calles, hay una distancia abismal entre las lecciones de ética, de proximidad y atención a la ciudadanía, y desconocimiento o aplicación verdadera de la ley, por ejemplo para considerar el factor de primer respondiente en el sistema penal acusatorio.
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El asalto a un negocio, como ha ocurrido en la Colonia Industrial Aviación, pone de muestra la relación directa entre hombres uniformados que tripulan patrulla, y los responsables de un asalto. Los ladrones llegan y con amenazas se llevan mercancías y dinero, y con el llamado a la policía, los oficiales que casualmente pasaban por el rumbo, municipales, se acercan para asomarse a ver la que se ha armado, pero llegan los estatales por ellos para advertirles que no atiendan esa emergencia. Sin duda, los policías mañosos rondan la zona. Todo parece indicar la urgencia de una rotación de mandos en las áreas operativas, y el cambio total de oficiales.
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Recientes robos en esa misma Colonia, demostraron que en zonas donde los delincuentes hacen su trabajo, por ejemplo en las azoteas de las casas, van acompañados de un rondín de policías que fingen no saber lo que ocurre. Recurrentes llamados al servicio de emergencias 911, y los telefonistas están dormidos, o deliberadamente no contestan en la zona del robo. Usuarios de redes sociales, muestran sus quejas y el enojo por una operatividad que ya cumplió su ciclo. Presumen que también hay policías que deberían estar en la cárcel, y son los que llegan tres horas después para atender una emergencia.
En medio de este escándalo de la inseguridad, es verdad que cuesta años cambiar los vicios, pero luego sucede que mientras alguien tapa un hoyo, ya se produjo un boquete más grande. Hay quien dice que en materia de seguridad el horno no está para bollos. Los ladrones operan libremente porque sencillamente una generación importante de policías ya envejeció; en los que están limitados físicamente, es obvio que la capacidad de reacción ya no es la misma. Otra parte de la generación, son policías qué se mantienen vigentes porque se renuevan, pero la que preocupa, es la de aquellos policías que no salen de los círculos donde se mueven o incluso viven los ladrones. Estos últimos forman parte del peligro social
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¡HASTA MAÑANA!



