Balacera donde pudo morir Aurelio Manrique en la plaza de Valles

Balacera donde pudo morir Aurelio Manrique en la plaza de Valles

CIUDAD VALLES.- Parapetados en la falta de atención de los que acudieron a escuchar la encendida perorata de Aurelio Manrique, quien estaba trepado en el kiosco de la plaza de Valles, hablando mal de Saturnino Cedillo, el cacique que titiritaba al gobernador Mateo Hernández Netro, hombres de pocas pulgas dispararon a la turba, matando a una cantidad no definida de entusiastas de la política anticedillista. Era 3 de octubre de 1937. 

Aurelio Manrique quiso señalar con dedo flamígero la cobardía de los que estaban en los techos laminados de cafés y casas con ametralladoras, pero la familia del ahora extinto Gutiérrez Castellanos le llevó a rastras al interior de su casa, porque el diputado federal podría ser muy valiente, pero su muerte hubiera sido motivo de un ensañamiento de Cárdenas contra Valles que nadie quería. 

Paradójicamente, el hecho de que se salvara el diputado federal y ex gobernador de San Luis Potosí, quitó importancia al evento, al grado de carecer de una historia oficial y sustentada en documentos. 

Se supo que cuando los presuntos hombres de Cedillo descargaron sus armas de grueso calibre, la gente corrió hacia donde está ahora la Cruz Roja y hacia el oriente, por lo que es hoy la calle Juárez. 

Existe la información no sostenida de que un hombre llamado Vicente C. Salazar fue parte de las víctimas y el sacrificio por haber ido a escuchar a Manrique valió para que bautizaran con su nombre a una calle que antes se llamó 3 de Octubre. 

Lo que es verdad es que los heridos fueron llevados al Hospital de Caminos, construido donde ahora está el asilo de ancianos San Martín de Porres para curar lesiones de obreros que construían la carretera México-Laredo, no para detener hemorragias causadas por calibres descomunales, por eso la información es de que, quienes llegaron cribados por las balas, murieron sin que los azorados médicos y enfermeras supieran qué hacer. 

La verdad es que Aurelio Manrique era un político de ideas populares y sociales que rayaban en el radicalismo y que, siendo gobernador, de 1924 a 1925, impuso una política a favor de sindicatos y de agricultores que afectaron intereses económicos de terratenientes o caciques como Cedillo, al grado de que éste boicoteó muchos movimientos del gobernador que después fue depuesto. 

La balacera del 3 de octubre sería parte importante de las biografías de estos dos personajes si Manrique hubiera sido atravesado por las balas, pero eso no ocurrió y los pobres diablos que fueron a su mitin incendiario pagaron con su vida la inquina que había entre los dos personajes. 

(Con información de Belén Altamirano, cronista de Ciudad Valles y Guillermo Ahuja Ormaechea, historiador y antropólogo)