Padre abandonó a su hija discapacitada en el DIF

Dejó a Juanita Sánchez en uno de los consultorios del área de Salud

Padre abandonó a su hija discapacitada en el DIF

CIUDAD VALLES. -En junio de 2010, un hombre empujó una carreola para bebé, en la que acarreaba a su hija de aproximadamente 14 años de edad, hasta el área de Salud del DIF Municipal, que estaba por la calle Juan Sarabia y entró a donde estaban los consultorios, pidiendo turno para entrar a consulta para Juanita Sánchez, la muchacha con parálisis cerebral que apenas cabía en el transporte rudimentario para bebés. Apuntaron el turno de la jovencita y el papá salió de la antesala del consultorio, caminó por esa avenida, rumbo al parque Pípila y nadie lo volvió a ver jamás. 

EL LABERINTO DE LILIA VEGA

Lilia Vega Díaz es enfermera de profesión, ha trabajado durante años en el DIF y en el año 2010 era la coordinadora de Salud, a donde habían dejado abandonada a Juanita Sánchez. Un día caluroso y normal de junio se convirtió en la jornada más misteriosa de su vida. Como a eso de las tres de la tarde, la asistente médica que había apuntado el nombre de Juanita estaba angustiada porque era la hora de la salida y el padre de la muchacha incómodamente puesta en la carreola no se aparecía. La asistente acudió con Lilia y le dijo. Comenzaron las preguntas que no han tenido respuesta a lo largo de una década. Lilia Vega fue reconvenida por haber tenido el descuido, pero ella se justificaba diciendo que muchos papás suelen salir de los pasillos donde tienen a sus pacientes, para ir a almorzar a los puestos ambulantes del parque Pípila, así que cuando salió aquel hombre bajito de estatura, moreno, de cabello muy lacio, la secretaria y las demás trabajadoras creyeron que volvería en cosa de nada. Tiene 10 años y cuatro meses que no vuelve. 

LA BÚSQUEDA DEL MONSTRUO, DEL HOMBRE CANSADO, DEL DESAPARECIDO 

Lilia Vega agotó todas las instancias para encontrar al señor del que solamente se pudo hacer un retrato hablado, del que se infirió que era de la zona tének, por la fisonomía y los rasgos. En los ocho ejidos de la zona indígena preguntaron si conocían a un hombre así y asá que tiene de hija a una adolescente discapacitada. Nada. Fueron a la Huasteca, coordinándose con los DIF de varios municipios y gastaron gasolina, llantas, zapatos, trepando cerros, metiéndose en brechas, hablando con personas ariscas, criadas por el monte denso de la Huasteca sur y nadie conocía a un hombre con la descripción del padre de Juanita Sánchez, quien tiene como familia a las que la cuidan en el albergue de niñas de la ciudad, porque ella no se vale en ninguna actividad de la vida diaria. Lilia Vega piensa que probablemente venían de una jurisdicción a donde ya no pudieron investigar, en alguna comunidad de Hidalgo o de Querétaro, por eso nunca dieron con el hombre que no volvió ni por arrepentimiento ni por mandato judicial, ni nada, solamente desapareció de la faz de la tierra. 

JUANITA, LA MUJER SIN NADIE 

De Juanita no se sabe nada, ni su edad, ni su voz, ni sus aspiraciones, ni sus sueños, ni sus felicidades ni odios, porque tiene 10 años en una silla de ruedas, al cuidado de gente que le ha conocido someramente, aunque le tiene que prodigar cuidados que ni a los familiares se le suelen hacer. 

Dicen que se pone contenta cuando escucha el huapango y las voces en náhuatl de la estación XEANT, La Voz de las Huastecas y, cuando se enoja, solamente resopla con fuerza y alcanza a voltearse a medias, sobre su eterno respaldo de la silla abatible donde ha pasado 10 años de su vida, desde que su misterioso padre la dejó esperando consulta, en el área de salud del DIF. 

Lilia Vega espera que un día el arrepentimiento aviente al misterioso padre de Juanita al DIF, aunque conforme avanza el tiempo, esa esperanza se desdibuja, como un dibujo bajo los rayos del sol.