El Pibe en pulso

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Olimpiada inolvidable

La Olimpiada de México 68 ha sido quizá la mejor de todas, por una razón: No sólo fue un completo éxito deportivo, sino que rescató el esplendor del universo cultural, al acoger en nuestro país las manifestaciones artísticas de una gran diversidad de países.

Si bien el deporte es factor de unión entre los pueblos, la cultura los sensibiliza y refuerza su hermandad de allí que las expresiones culturales en nuestra Olimpíada de hace cinco décadas hayan tenido una proyección insospechada.

Inolvidable la ceremonia en la cual fue iniciado el programa de eventos culturales, efectuada en el excelso Teatro de Bellas Artes, en aquel 19 de enero de 1968, con la presentación del Ballet de los Cinco Continentes.

En la Carta Olímpica No. 26 que poseo como un tesoro muy apreciado, se da cuenta de la belleza artística ofrecida en el suntuoso escenario, ante la presencia de un público entusiasmado y de los personajes que hicieron posible los Juegos Olímpicos de 1968:

El Lic. Gustavo Díaz Ordaz, Presidente de la República, su esposa doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz; Avery Brundage, presidente del COI, el Arq. Pedro Ramírez Vázquez, presidente del comité organizador y a quien tuve el honor de conocer cuando fue gerente general del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas: y el Lic. Agustín Yáñez, Secretario de Educación Pública.

En el escenario, la maravillosa actuación de los Ballets Griego, Azteca y Africano, con la muy relevante participación de los bailarines del Ballet Folklórico de México, de Amalia Hernández.

Fue un suceso sin precedentes en la historia olímpica. El mandatario mexicano fue conceptuoso al dirigirse a los invitados especiales, a los coreógrafos, bailarines, músicos y público que abarrotó la hermosa sala de Bellas Artes:
“Para México es un honor haber enriquecido los Juegos Olímpicos con la vieja idea de que no solamente debe cultivarse el músculo sino también y principalmente, los más altos valores de la cultura”.

LA PAZ ENTRE LOS PUEBLOS
Y el mensaje de Avery Brundage fue también trascendental:
”Vine especialmente a México para asistir a la inauguración de este importante programa que, en mi opinión, marca el principio de una nueva era en el movimiento olímpico. Éste debe de estar totalmente desligado de todo lo que se relaciona con la guerra, el boicot o la política.

El programa pretende acercar a los pueblos hacia la paz. Gestionamos ante los gobiernos del mundo para tales propósitos. Debe de recordarse que el movimiento olímpico basa su funcionamiento en la unidad internacional, la amistad y la paz entre los pueblos”.

Y a raíz de este trascendental vuelco, los Juegos Olímpicos cambiaron para la posteridad. Deporte y cultura han caminado de la mano sin importar el gigantismo del máximo evento deportivo del mundo.

Y en los días gloriosos de las Olimpiadas cada cuatro años, hay tregua en las hostilidades guerreras y la paz se respeta en todos los ámbitos de este atribulado planeta. Ojalá y todos los días fueran olímpicos, para mantener al mundo alejado de la angustia y el dolor que provocan los insensatos brotes bélicos.

Cincuenta años han pasado de aquellos memorables Juegos en México. ¿Organizaremos algún día una nueva Olimpiada, así como hemos disfrutado de dos Copas Mundiales de Futbol y tendremos una más en el 2026?
Los hechos violentos de aquellos años no los he tocado, pues ésos son “otra historia” muy diferente al tema de este día.
Así las cosas, hasta el martes próximo, D.M.