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LOS CULPABLES
Tanto se ha hablado del enfrentamiento entre fanáticos rayados y felinos, en la ciudad de Monterrey, que me dan ganas de restregarles mis comentarios a quienes acusan al futbol de provocar la violencia en cualquier frente futbolero mexicano.
Estoy de acuerdo que el futbol es pasional, pero aunque la pasión de los sentidos no tiene sentido, no puede ser esgrimido para justificar agresiones verbales, escritas o físicas.
Ese pleito pandilleril entre fanáticos rayados y seguidores felinos el día en que los equipos más populares del norte de México, se enfrentaban en el pomposamente llamado “clásico reinero”, no ocurrió en las tribunas o en los alrededores del estadio, sino a varios kilómetros de distancia. Azuzados por líderes, los grupos rivales, se abalanzaron sobre quienes tenían la minoría, los agredieron, los corretearon, les echaron un carro encima y finalmente, vapulearon brutalmente a un jovencito cuyo pecado fue portar la camiseta amarilla.
Muchas críticas y muchos errores al hacerlas, pues los comentaristas de la televisión, culparon de inmediato a los clubes norteños de propiciar la violencia. Una reyerta entre pandillas, a mucha distancia del estadio, no fue provocada por los dirigentes futboleros ni por los jugadores.
En todo caso ¿quién puede resultar culpable de este tipo de violencia? Nosotros mismos, los aficionados recalcitrantes, los que no sabemos respetar la nobleza de los rivales, quienes propiciamos los insultos, los actos de bajeza contra “el otro equipo”, los que insultamos en las redes sociales.
Ciertamente, estos medios virtuales son invadidos por legiones de imbéciles, que esgrimen un libertinaje de expresión, para expresar con su bajeza moral sus complejos, su distorsionada “educación” y sus frustraciones morales, contra los equipos, principalmente cuando se trata de ésos que representan el “clasicismo” en el deporte del hombre. Y me refiero a Tigres y Rayados, a Chivas y al equipo de Coapa.
“Subir” a las redes fotografías de una multitud vestida con los colores rojiblancos para decirles: “Esta es una manifestación gay”, o insultar a los azulcrema con esa lapidaria frase de “¡minguen a su chade!”, es propiciar la violencia y no son los dirigentes ni los jugadores de uno u otro equipo quienes la siembran, sino nosotros mismos, porque en las “redes” hay mucha libertad para que cualquier “hijo de… vecina” azuce a los perros del mal plasmando sus denuestos, muchas veces escritos sin el menor conocimiento de la ortografía.
Somos nosotros, los aficionados al futbol, quienes debemos estar conscientes en que el respeto a los rivales es indispensable para que el espectáculo se desarrolle con brillantez, con nobleza, con pasión.
Algunos cronistas deportivos, lejos de bien informar, dejan salir su fanatismo para defender a ultranza los colores del equipo que les llena la vida por completo. Entonces ¿en dónde está la imparcialidad con que deben actuar quienes escriben de los deportes? Periodistas, actores y actrices no debieran manifestar públicamente su preferencia hacia un equipo o hacia un personaje político. Y no porque pretenda restringirles su libertad de elección, sino que deben ser imparciales en la redacción de las informaciones, en la manifestación de sus ideas políticas, para que quienes los leen o los admiran como ídolos populares, no los condenen por su parcialidad.
Malo, muy malo insultar a los americanistas diciéndoles que su abuela no tuvo hija, que insistir en esa imbécil frase de “Ódiame más”. Es lamentable que los seguidores futboleros no tomen consciencia de esto, pues en la historia deportiva de nuestro país ha habido muchos condenables enfrentamientos entre los llamados “porristas”, que no “barristas”, de rojiblancos y rojinegros, rojiblancos y amarillos, de amarillos y felinos, de rayados y de Tigres. Y esto no va a solucionarse con la prohibición de vender cerveza en los estadios, sino con una actitud realmente positiva cuando vayamos al estadio, cuando defendamos con nobleza y respeto, los colores de nuestros clubes preferidos. Hay que ser humildes en la victoria y grandes en la derrota.
Comentarios: miguelmoramartinez@hotmail.com
Tanto se ha hablado del enfrentamiento entre fanáticos rayados y felinos, en la ciudad de Monterrey, que me dan ganas de restregarles mis comentarios a quienes acusan al futbol de provocar la violencia en cualquier frente futbolero mexicano.
Estoy de acuerdo que el futbol es pasional, pero aunque la pasión de los sentidos no tiene sentido, no puede ser esgrimido para justificar agresiones verbales, escritas o físicas.
Ese pleito pandilleril entre fanáticos rayados y seguidores felinos el día en que los equipos más populares del norte de México, se enfrentaban en el pomposamente llamado “clásico reinero”, no ocurrió en las tribunas o en los alrededores del estadio, sino a varios kilómetros de distancia. Azuzados por líderes, los grupos rivales, se abalanzaron sobre quienes tenían la minoría, los agredieron, los corretearon, les echaron un carro encima y finalmente, vapulearon brutalmente a un jovencito cuyo pecado fue portar la camiseta amarilla.
Muchas críticas y muchos errores al hacerlas, pues los comentaristas de la televisión, culparon de inmediato a los clubes norteños de propiciar la violencia. Una reyerta entre pandillas, a mucha distancia del estadio, no fue provocada por los dirigentes futboleros ni por los jugadores.
En todo caso ¿quién puede resultar culpable de este tipo de violencia? Nosotros mismos, los aficionados recalcitrantes, los que no sabemos respetar la nobleza de los rivales, quienes propiciamos los insultos, los actos de bajeza contra “el otro equipo”, los que insultamos en las redes sociales.
Ciertamente, estos medios virtuales son invadidos por legiones de imbéciles, que esgrimen un libertinaje de expresión, para expresar con su bajeza moral sus complejos, su distorsionada “educación” y sus frustraciones morales, contra los equipos, principalmente cuando se trata de ésos que representan el “clasicismo” en el deporte del hombre. Y me refiero a Tigres y Rayados, a Chivas y al equipo de Coapa.
“Subir” a las redes fotografías de una multitud vestida con los colores rojiblancos para decirles: “Esta es una manifestación gay”, o insultar a los azulcrema con esa lapidaria frase de “¡minguen a su chade!”, es propiciar la violencia y no son los dirigentes ni los jugadores de uno u otro equipo quienes la siembran, sino nosotros mismos, porque en las “redes” hay mucha libertad para que cualquier “hijo de… vecina” azuce a los perros del mal plasmando sus denuestos, muchas veces escritos sin el menor conocimiento de la ortografía.
Somos nosotros, los aficionados al futbol, quienes debemos estar conscientes en que el respeto a los rivales es indispensable para que el espectáculo se desarrolle con brillantez, con nobleza, con pasión.
Algunos cronistas deportivos, lejos de bien informar, dejan salir su fanatismo para defender a ultranza los colores del equipo que les llena la vida por completo. Entonces ¿en dónde está la imparcialidad con que deben actuar quienes escriben de los deportes? Periodistas, actores y actrices no debieran manifestar públicamente su preferencia hacia un equipo o hacia un personaje político. Y no porque pretenda restringirles su libertad de elección, sino que deben ser imparciales en la redacción de las informaciones, en la manifestación de sus ideas políticas, para que quienes los leen o los admiran como ídolos populares, no los condenen por su parcialidad.
Malo, muy malo insultar a los americanistas diciéndoles que su abuela no tuvo hija, que insistir en esa imbécil frase de “Ódiame más”. Es lamentable que los seguidores futboleros no tomen consciencia de esto, pues en la historia deportiva de nuestro país ha habido muchos condenables enfrentamientos entre los llamados “porristas”, que no “barristas”, de rojiblancos y rojinegros, rojiblancos y amarillos, de amarillos y felinos, de rayados y de Tigres. Y esto no va a solucionarse con la prohibición de vender cerveza en los estadios, sino con una actitud realmente positiva cuando vayamos al estadio, cuando defendamos con nobleza y respeto, los colores de nuestros clubes preferidos. Hay que ser humildes en la victoria y grandes en la derrota.
Comentarios: miguelmoramartinez@hotmail.com







