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Berlín, Ale.- Alemania ha vuelto a los niveles de contagio del pasado abril, aunque las autoridades consideran que la situación está bajo control, mientras la mayoría de sus ciudadanos se resignan a renunciar por tiempo indefinido a las alegrías en masa.
En las últimas 24 horas se confirmaron 2,297 nuevas infecciones, el nivel máximo desde mediados de abril, según los datos actualizados la pasada madrugada por el Instituto Robert Koch (RKI).
El cómputo de infecciones desde el inicio de la pandemia, en el país de más peso demográfico de la Unión Europea, se sitúa en las 270.,00 -de los cuales 239,800 son pacientes recuperados-, con 9.384 víctimas mortales, seis de las cuales en las últimas 24 horas.
“Nuestro sistema sanitario puede afrontar esta situación”, apuntó, a través de su cuenta en twitter, el ministro de Sanidad, Jens Spahn. En Alemania, país donde ni en los momentos más álgidos hubo confinamiento de la población, no se contemplan restricciones a la vida pública y económica como ocurrió entre marzo y abril. Pero sí a la adopción de medidas puntuales, de ámbito regional o local.
El factor de reproducción “R” está en ascenso, pero aún en niveles asumibles -1,16 hoy, frente al 1,07 del día anterior. Un valor de 1 implica que un infectado contagia de media a otra persona.
Especialmente afectada por la pandemia está Baviera, con 16 millones de habitantes y un cómputo de 64,395 infecciones y 2,648 fallecidos desde el inicio de la pandemia. Sus autoridades, que en marzo aplicaron las restricciones más severas del país, adoptaron ahora medidas especiales, aunque sin plantearse nuevos cierres.
En Múnich se impuso la ley seca en toda la Theresienwiese, el recinto donde tradicionalmente se celebra la Oktoberfest, la más popular fiesta de la cerveza del mundo, que habría arrancado este sábado, pero cuya celebración se canceló.
En lugar del multitudinario encuentro, las autoridades han llamado a tomarse la cerveza en casa o alguna de las terrazas que sí están abiertas, pero con aforos reducidos y las debidas medidas.
A las 12.00, hora en que todos los años el alcalde de la ciudad abre el primer barril al grito de “O’zapft is!” -”¡Abierto está!, en dialecto bávaro-, la Theresienwiese estaba prácticamente vacío, salvo algunos picnics, grupos de muniqueses en trajes regionales y policías patrullando.








