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Pekín, China.- Los nuevos casos de la COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus de Wuhan, siguen aumentando aunque a un ritmo más lento en China, donde el foco se sitúa en varias cárceles del país, que han comenzado a registrar un alto número de contagios.
Las autoridades hicieron públicos 447 casos confirmados de COVID-19 en cárceles de las provincias de Hubei, Zhejiang y Shandong.
La prensa oficial se hizo eco de estas informaciones y achacó la llegada del virus a las prisiones a la masificación en esos centros y a sus precarias instalaciones médicas.
“No es fácil detectar a los pacientes sospechosos (de haber contraído el COVID-19) y cortar las cadenas de transmisión a tiempo con las insuficientes instalaciones médicas en las cárceles”, explicó un funcionario de prisiones anónimo al diario estatal Global Times.
Asimismo, el hacinamiento de reos en los centros penitenciarios podría suponer un peligro añadido debido a la capacidad de transmisión del coronavirus en espacios cerrados que albergan a muchas personas.
La respuesta de las autoridades ha sido la habitual durante estas semanas de epidemia: poner algunos de esos presidios bajo cuarentena, abrir una investigación interna y destituir a una decena de responsables, incluidos el director de la cárcel de mujeres de Wuhan (capital de Hubei) y el secretario del Partido Comunista en el Departamento de Justicia de Shandong.
En la prisión femenina de Wuhan se habían detectado hasta ahora 230 casos, que no habían sido añadidos hasta el momento al conteo general.








