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La exreligiosa chilena Consuelo Gómez denunció hoy haber sido víctima de abusos mientras estuvo en la congregación de las Hermanas del Buen Samaritano en conventos de Chile, España y México, informó el sitio digital Emol.
La denuncia, que se suma a las recientes acusaciones contra religiosos católicos chilenos por abusos sexuales contra menores y jóvenes, remeció una vez más a la Iglesia, la cual se encuentra en una profunda crisis tras la renuncia de todos los obispos luego de una visita al Papa Francisco.
Gómez, que permaneció en la congregación entre 1998 y 2017, dijo que vivió un tiempo en México, donde estudió para ser técnica en enfermería, además de trabajar en turnos de más de 12 horas diarias para las religiosas.
Indicó que en alguna oportunidad sintió dolores muy fuertes de cabeza, cuello y el cuerpo en general pero “nunca me creyeron y me obligaban a levantarme aunque estuviera revolcándome en la cama de dolor, incluso me daban cachetadas como castigo”, al grado que intentó terminar con su vida.
Agregó que en Chile y España “había mucho acoso de los sacerdotes, capellanes y directores espirituales, muchas tocaciones indebidas. Se les iban las manos hacia zonas que no debían, pero no podíamos decir nada porque nos hacían callar todo lo que viéramos y viviéramos”.
Sobre su paso en Europa dijo que “fui abusada sexualmente por una monja en España, que también era chilena y superior a mí, varias y repetidas veces. Y todos sabían y me hicieron callar. Me hicieron sentir que era culpable de todo. Pero ahora comprendí que es una historia que yo viví, que es mía, y que no soy la única”.
Como novicia veinteañera, detalló, “cuando yo entraba al baño, ella también lo hacía y cerraba con llaves para luego manosearme. Me forzaba física y psicológicamente a hacer cosas que yo no quería”.
El sacerdote y director espiritual del recinto español “también me hizo callar, por lo mismo, porque me dijo que le iban a dar la razón a ella y no a mí, que yo para él era una simple novicia, y yo, por miedo, no sé a qué, pero por miedo, porque estaba lejos de mi familia, me quedé como parapléjica”, recalcó.
La exreligiosa, que ingresó al convento a los 18 años, estuvo trabajando en Chile en un hogar donde se atiende en forma gratuita a ancianos y enfermos, además de hacer el aseo, preparar comidas y mantener el convento ubicado en la sureña localidad de Molina.
Apuntó que, siendo religiosa, “no nos dejaban pensar por nuestros propios medios, y casi no podíamos sentir, porque nos ordenaban todo (…) el trabajo era de verdadera esclava”, sin el pago de dinero por sus labores ni aportes para gastos personales.
Recordó que sus visitas se limitaban a dos o tres horas al mes y que una vez que enfermó de herpes en el aparato digestivo “jamás me llevaron al médico, sólo me tenían con suero y medicamentos a su parecer”.
En el 2000 fue enviada a España, donde “el trabajo era de verdadera esclava” ya que las hacían trabajar por largas jornadas, además de someter a las novicias a una revisión de su ropa interior, período que finalizó con su regreso a Chile en 2008.
Gómez relató que en 2013 fue enviada junto a otras dos religiosas a trabajar a la Nunciatura Apostólica, donde recibían unos 320 dólares mensuales como sueldo y eran “las empleadas de los curas y de las mismas empleadas que estaban contratadas” en el lugar, donde estuvo poco más de tres años sin descanso.
“Nos tocaba hacerle todo a los curas: levantarnos temprano a preparar el desayuno como ellos querían, hacer el almuerzo como lo pedían, hacerles la cena, limpiar la cocina, tener que acompañarlos. Eran todos muy exigentes”, precisó.
Estando en la Nunciatura, la enviaron al médico y fue diagnosticada con fibromialgia, hirsutismo, osteopenia, artrosis y problemas en la columna y cadera, además de depresión y trastorno de estrés postraumático.
En esa misma oportunidad le contó toda su historia en España al nuncio apostólico en Chile, Ivo Scapolo, quien pese a entenderla “perfectamente bien” nunca hizo nada con su denuncia.
La ex religiosa, que tenía bulimia y que se escapó del convento en medio de una misa, se encuentra desde el año pasado en tratamiento psicológico y psiquiátrico.
Las Hermanas del Buen Samaritano pidieron este martes perdón a Gómez e informaron que se instruyó el inicio de una investigación canónica por el caso.
Pese a conocer los hechos, “las medidas que tomamos y la actitud que tuvimos entonces no estuvieron a la altura de nuestra misión”, reconocieron, al tiempo de informar que trabajarán en un protocolo de prevención de situaciones abusivas de toda índole.
La denuncia, que se suma a las recientes acusaciones contra religiosos católicos chilenos por abusos sexuales contra menores y jóvenes, remeció una vez más a la Iglesia, la cual se encuentra en una profunda crisis tras la renuncia de todos los obispos luego de una visita al Papa Francisco.
Gómez, que permaneció en la congregación entre 1998 y 2017, dijo que vivió un tiempo en México, donde estudió para ser técnica en enfermería, además de trabajar en turnos de más de 12 horas diarias para las religiosas.
Indicó que en alguna oportunidad sintió dolores muy fuertes de cabeza, cuello y el cuerpo en general pero “nunca me creyeron y me obligaban a levantarme aunque estuviera revolcándome en la cama de dolor, incluso me daban cachetadas como castigo”, al grado que intentó terminar con su vida.
Agregó que en Chile y España “había mucho acoso de los sacerdotes, capellanes y directores espirituales, muchas tocaciones indebidas. Se les iban las manos hacia zonas que no debían, pero no podíamos decir nada porque nos hacían callar todo lo que viéramos y viviéramos”.
Sobre su paso en Europa dijo que “fui abusada sexualmente por una monja en España, que también era chilena y superior a mí, varias y repetidas veces. Y todos sabían y me hicieron callar. Me hicieron sentir que era culpable de todo. Pero ahora comprendí que es una historia que yo viví, que es mía, y que no soy la única”.
Como novicia veinteañera, detalló, “cuando yo entraba al baño, ella también lo hacía y cerraba con llaves para luego manosearme. Me forzaba física y psicológicamente a hacer cosas que yo no quería”.
El sacerdote y director espiritual del recinto español “también me hizo callar, por lo mismo, porque me dijo que le iban a dar la razón a ella y no a mí, que yo para él era una simple novicia, y yo, por miedo, no sé a qué, pero por miedo, porque estaba lejos de mi familia, me quedé como parapléjica”, recalcó.
La exreligiosa, que ingresó al convento a los 18 años, estuvo trabajando en Chile en un hogar donde se atiende en forma gratuita a ancianos y enfermos, además de hacer el aseo, preparar comidas y mantener el convento ubicado en la sureña localidad de Molina.
Apuntó que, siendo religiosa, “no nos dejaban pensar por nuestros propios medios, y casi no podíamos sentir, porque nos ordenaban todo (…) el trabajo era de verdadera esclava”, sin el pago de dinero por sus labores ni aportes para gastos personales.
Recordó que sus visitas se limitaban a dos o tres horas al mes y que una vez que enfermó de herpes en el aparato digestivo “jamás me llevaron al médico, sólo me tenían con suero y medicamentos a su parecer”.
En el 2000 fue enviada a España, donde “el trabajo era de verdadera esclava” ya que las hacían trabajar por largas jornadas, además de someter a las novicias a una revisión de su ropa interior, período que finalizó con su regreso a Chile en 2008.
Gómez relató que en 2013 fue enviada junto a otras dos religiosas a trabajar a la Nunciatura Apostólica, donde recibían unos 320 dólares mensuales como sueldo y eran “las empleadas de los curas y de las mismas empleadas que estaban contratadas” en el lugar, donde estuvo poco más de tres años sin descanso.
“Nos tocaba hacerle todo a los curas: levantarnos temprano a preparar el desayuno como ellos querían, hacer el almuerzo como lo pedían, hacerles la cena, limpiar la cocina, tener que acompañarlos. Eran todos muy exigentes”, precisó.
Estando en la Nunciatura, la enviaron al médico y fue diagnosticada con fibromialgia, hirsutismo, osteopenia, artrosis y problemas en la columna y cadera, además de depresión y trastorno de estrés postraumático.
En esa misma oportunidad le contó toda su historia en España al nuncio apostólico en Chile, Ivo Scapolo, quien pese a entenderla “perfectamente bien” nunca hizo nada con su denuncia.
La ex religiosa, que tenía bulimia y que se escapó del convento en medio de una misa, se encuentra desde el año pasado en tratamiento psicológico y psiquiátrico.
Las Hermanas del Buen Samaritano pidieron este martes perdón a Gómez e informaron que se instruyó el inicio de una investigación canónica por el caso.
Pese a conocer los hechos, “las medidas que tomamos y la actitud que tuvimos entonces no estuvieron a la altura de nuestra misión”, reconocieron, al tiempo de informar que trabajarán en un protocolo de prevención de situaciones abusivas de toda índole.







