Frustración se apodera de los sobrevivientes

Luego del mortal sismo y tsunami en Indonesia, los hambrientos residentes claman por ayuda

Palu, Indonesia.- La desesperación se convirtió en ira el martes en la localidad más próxima al epicentro del potente sismo y tsunami que sacudieron partes de la isla de Sulawesi hace cuatro días, mientras los residentes pedían ayuda al presidente de Indonesia y los hambrientos sobrevivientes se arrastraban hasta las tiendas para tomar cajas de comida.

La cifra oficial de fallecidos superó las 1,200 personas, con cientos de heridos graves y muchos todavía atrapados entre los escombros.

Por el momento, la mayor parte de la atención se centró en la ciudad más afectada, Palu, con 380,000 habitantes y que sufrió considerables daños. Donggala y otras áreas periféricas recibieron menos ayuda por el mal estado de las carreteras y la caída de las líneas telefónicas luego del sismo de magnitud 7.5 registrado al anochecer del viernes, que generó un tsunami que se dijo que alcanzó los seis metros de alto en algunos puntos.

El número de víctimas mortales confirmadas subió a 1,234 personas, dijo el vocero de la agencia de desastres, Sutopo Purwo Nugroho, en una conferencia de prensa en Yakarta. En las comunidades de Sigi y Balaroa todavía hay mucha gente atrapada, por lo que la cifra podría aumentar.

En Donggala, muchos mostraron su frustración tras esperar la llegada de ayuda durante días.

“Preste atención a Donggala, Sr. Jokowi. Preste atención a Donggala”, gritó un residente en imágenes de la televisora local, refiriéndose al presidente del país, Joko “Jokowi” Widodo. “Aquí sigue habiendo muchas aldeas desatendidas”.
El jefe del gobierno local de Donggala, Kasman Lassa, dijo que los residentes deberían llevarse solo alimentos básicos de las tiendas.

“Todo el mundo está hambriento y quiere comer tras varios días sin hacerlo”, señaló Lassa. “Lo hemos anticipado proporcionando comida y arroz, pero no fue suficiente. Hay mucha gente aquí. Por lo tanto, en este asunto, no podemos presionarlos para que aguanten mucho más tiempo”.

La desesperación entre las víctimas que recibían poca ayuda era visible en todas partes. En Palu, carteles colocados a lo largo de la carretera decían “Necesitamos comida “ y “Necesitamos ayuda”, mientras niños pedían limosna en las calles y largas filas de autos atascaban las calles mientras esperaban por combustible.