Impunidad, a 50 años del golpe en Uruguay

MONTEVIDEO.- De los 196 desaparecidos que admitió el Estado uruguayo que dejó la etapa de dictadura cívico-militar entre 1973 y 1985, solo se recuperaron cinco cuerpos en dependencias militares en 18 años de búsqueda. Han pasado 50 años del golpe de Estado en Uruguay y aún hay heridas de impunidad abiertas.
“Vivimos en un país donde varios cuarteles militares son cementerios clandestinos.”, dijo a la AP, Pablo Chargoñia, abogado del Observatorio Luz Ibarburu, un equipo jurídico que patrocina 60 causas de 300 familiares de desaparecidos.
Al borde de la media noche del martes, cuando se cumple medio siglo del levantamiento militar, el Parlamento uruguayo celebró un acto de recordatorio y vigilia por las atrocidades cometidas.
Desde que el 27 de junio de 1973 se disolvió el Parlamento hasta el regreso a la democracia en Uruguay en 1985, 123 personas fueron ejecutadas por las fuerzas militares, la mayoría de las víctimas pertenecían a grupos de izquierda.
Ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, torturas y avasallamiento de libertades se generalizaron tras la disolución parlamentaria del presidente Juan María Bordaberry. El terror y la crisis económica empujaron al exilio a 250.000 de los 2.788.000 de uruguayos.
La búsqueda de desaparecidos que lleva a cabo el Grupo de Investigación en Antropología Forense, que desde 2005 escarba cuarteles, reveló hace menos de un mes el hallazgo de un sexto cuerpo en el Batallón 14 de Paracaidistas del Ejército en Toledo, a 20 kilómetros de Montevideo.
Es el primero entre las 40 mujeres desaparecidas que los familiares creen que están enterradas en dependencias militares, aunque varias desaparecieron en Argentina. Su identidad se conocerá en un mes cuando terminen los análisis de ADN.
El cuerpo fue enterrado de la misma manera que los otros cinco cuerpos de desaparecidos hallados, todos en dependencias militares: con abundante cal y una loza de cemento por encima. Entre ellos, encontraron a menos de cien metros, al maestro y periodista Julio Castro y a Ricardo Blanco, militante del Partido Comunista Revolucionario. Según los archivos oficiales ambos fueron secuestrados por militares: Castro en la calle y Blanco en su comercio por fuerzas militares.
“Es una imagen de la tragedia más aberrante”, dijo Javier García, ministro de Defensa.
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