Operativos avivan temor a brutalidad policial

Miles de soldados se hallan en las calles de Río de Janeiro en operaciones contra pandillas de narcotraficantes, aunque también despierta el miedo a las injusticias en la población

Operativos avivan temor a brutalidad policial

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Uno a uno, tres brasileños negros enumeran con pragmatismo consejos para interactuar con la policía, que recuerdan mucho a “la charla” que muchos afro-estadounidenses tienen con sus hijos.

No lleves un paraguas largo. No hagas movimientos bruscos. No salgas de casa sin los recibos de cualquier cosa valiosa que lleves. Esas son tres de las sugerencias de un popular video subido a internet a mediados de febrero, en plena operación militar en Río de Janeiro.

El video refleja el temor a que la intervención socave los derechos civiles de los pobres, especialmente negros, y lleve a más brutalidad policial. También deja al descubierto la profunda división entre los vecinos de Río en zonas acomodadas de la ciudad y los que viven en barrios marginales, que son las principales víctimas tanto de la violencia delictiva como de los intentos por sofocarla.

La policía de Río ya es una de las más letales del mundo: 925 personas murieron en operaciones policiales en 2016, según el grupo de estudios Brazilian Public Security Forum, y los recuentos iniciales de grupos de derechos humanos elevan la cifra de 2017 por encima de 1.000 fallecidos.

La intervención “no resolverá la delincuencia ni el tráfico de drogas”, dijo Spartakus Santiago, un joven de 23 años que trabaja en publicidad en Río y que es uno de los creadores del video. “Aumentará el miedo de la gente que vive en estas comunidades, personas inocentes que no están implicadas en delitos”.

LA INTERVENCIÓN
Tras dos años en alza, la violencia en Río pareció alcanzar un punto de inflexión durante las celebraciones de Carnaval este mes, cuando se grabó en video a ladrones persiguiendo y golpeando a sus víctimas en el pintoresco paseo marítimo de la ciudad.
El gobernador pidió ayuda federal y el presidente, Michel Temer, emitió un decreto que puso a un comandante militar al mando de la policía de Río. La medida ya ha puesto miles de soldados en las calles y se espera que aumenten de forma drástica las operaciones contra pandillas de narcotraficantes, que operan principalmente en las favelas.

Expertos en seguridad señalan que muchas ciudades y estados de Brasil tienen niveles de violencia incluso peores que los de Río. El general Walter Braga Netto, el hombre que dirige la operación militar, dio mensajes contradictorios cuando, tras recibir el encargo, restó importancia a la violencia en Río diciendo que había “muchos medios” cubriendo todos los incidentes.

“Río afronta una grave situación de violencia, pero no estamos en una guerra”, dijo Renata Neder, de Amnistía Internacional Brasil. Presentar la situación como una guerra, señaló, como han hecho muchos políticos en los últimos meses, refuerza la idea de que estaría justificado que aumentaran las muertes relacionadas con la policía.

Por ahora hay pocos detalles sobre la intervención, que se espera dure todo el año y ha comenzado con muchas promesas de perseguir a los delincuentes. Desde que se anunció el 16 de febrero, el Ejército ha realizado varias operaciones. Pero al igual que en otros despliegues militares en Río, los soldados jugaron un papel secundario colocando controles de seguridad y perímetros, pero no intentaron detener a traficantes armados.

El temor a los excesos policiales creció cuando se vio a soldados registrando las mochilas escolares de varios niños y tomando fotos y reuniendo información de los vecinos de algunas favelas.

Raul Jungmann, que ahora dirige el nuevo Ministerio de Seguridad Pública, conmocionó a muchos cuando era ministro de Defensa y dijo que el gobierno estudiaba el empleo de órdenes de registro “colectivas” que permitirían cateos de calles o vecindarios enteros, en lugar de una dirección.

También se teme que la intervención tenga graves efectos secundarios, como aumentar de forma drástica el número de presos en unos penales ya superpoblados y agravar las guerras de pandillas.

Por otro lado, el de policía es un trabajo extremadamente peligroso. El año pasado murieron 134 agentes en el estado de Río, muchos de ellos buscados y tiroteados cuando estaban fuera de servicio. La crisis económica de los últimos años implica que muchos policías cobran tarde, utilizan equipamiento viejo y a menos se ven superados por la potencia de fuego de los traficantes. Glaucia dos Santos, que es negra y perdió a su hijo de 17 años en un tiroteo , dijo temer que la intervención produzca más violencia policial contra los negros.