Papa reza por la paz

Roma, Ita.- El regreso del papa Francisco al Coliseo para el Vía Crucis, tras dos años por la pandemia, estuvo marcado por la guerra en Ucrania, uniendo bajo la cruz a dos mujeres, una rusa y otra ucraniana, en señal de reconciliación y con miles de fieles orando en silencio por la paz.
Francisco presidió en silencio esta ceremonia, que conmemora el camino de Cristo a la crucifixión, desde un promontorio en frente del anfiteatro y, tras escuchar los catorce pasajes bíblicos que lo componen, tomó la palabra para pronunciar una oración final.
“Tómanos de la mano, como un Padre, para que no nos alejemos de ti; convierte nuestros corazones rebeldes a tu corazón, para que aprendamos a seguir proyectos de paz; haz que los adversarios se den la mano, para que gusten del perdón recíproco; desarma la mano alzada del hermano contra el hermano, para que donde haya odio florezca la concordia”.
Este Vía Crucis tuvo un alto valor simbólico al estar marcado por la guerra en Ucrania, una crisis que preocupa sobremanera al pontífice y que, aunque no lo mencionó explícitamente como suele hacer, sobrevoló en la ceremonia con varios gestos.
En este acto, catorce grupos de personas, este año familias, se van pasando la cruz mientras se leen unas meditaciones, y en esta ocasión se eligió a dos mujeres, una ucraniana y una rusa, para cargarla en la XIII estación, que refleja la muerte de Cristo.
El Coliseo, símbolo de la persecución de los primeros cristianos, volvió a acoger a miles de fieles -unos 10.000- que acudieron para participar en un rito que se remonta al siglo XVIII, en tiempos de Benedicto XIV, aunque fue retomado en 1959 por Juan XIII.
Los actos vaticanos del Viernes Santo empezaron con la celebración de la Pasión en la basílica de San Pedro y con una novedad: el papa no se postró en el suelo del templo, como manda la tradición.
Francisco, de 85 años, padece desde hace tiempo un dolor en la rodilla que incluso le dificulta caminar y, por eso, optó por permanecer de pie rezando en silencio ante la tumba del apóstol Pedro para después sentarse en el trono, donde siguió la ceremonia.
Uno de los pasajes de la oración universal que Francisco pronunció al término de este rito solemne, en el único día del año en el que no hay misa en señal de duelo, trató nuevamente de las guerras.
“Dios misericordioso y poderosos, que eliminas las guerras y reduces a los soberbios, aleja lo antes posible a la humanidad de los horrores y las lágrimas para que todos podamos ser de verdad llamados tus hijos”, proclamó.
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