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Bangkok, Tailandia.- “Todo era felicidad al verlos salir”, recuerda el buzo español Fernando Raigal, que participó en el rescate de los doce niños atrapados junto a su tutor en una cueva del norte de Tailandia.
“Mientras los trasladábamos algunos de ellos eran muy pequeños e iban sedados, pero era un alivio escuchar su respiración”, cuenta en una entrevista a Efe tras su regreso a Bangkok, donde reside desde hace unos meses.
Los chicos y el entrenador recibieron sedantes “para evitar que entraran en pánico” durante el rescate y salieron al exterior “inconscientes”, detalla.
Los estudiantes, de entre 11 y 16 años, y el entrenador, de 26, se adentraron en la caverna Tham Luang, en la provincia de Chiang Rai, el sábado 23 de junio tras completar un entrenamiento del equipo de fútbol “Jabatos salvajes”, del que forman parte.
Raigal, que aprendió a bucear con el Ejército y se especializó en trabajos de alta mar, cumplió 33 años en el interior de la cueva mientras contribuía a los preparativos.
La misión de salvamento, en la que participaban más de mil personas, fue tomando forma poco a poco para superar las numerosas complicaciones con las que se encontraron los equipos de rescate.
Una hilera de soldados y voluntarios, entre ellos Raigal, llevó en volandas una vez fuera del agua a los rescatados -que permanecían postrados en una camilla- hasta la entrada, donde aguardaban los equipos sanitarios para el traslado al hospital de Chiang Rai.
“Hubo un sentimiento de liberación al completar el traslado del último de los atrapados... El objetivo era sacar a los chavales ‘cueste lo que cueste’ y lo conseguimos”, dice Raigal.
“Mientras los trasladábamos algunos de ellos eran muy pequeños e iban sedados, pero era un alivio escuchar su respiración”, cuenta en una entrevista a Efe tras su regreso a Bangkok, donde reside desde hace unos meses.
Los chicos y el entrenador recibieron sedantes “para evitar que entraran en pánico” durante el rescate y salieron al exterior “inconscientes”, detalla.
Los estudiantes, de entre 11 y 16 años, y el entrenador, de 26, se adentraron en la caverna Tham Luang, en la provincia de Chiang Rai, el sábado 23 de junio tras completar un entrenamiento del equipo de fútbol “Jabatos salvajes”, del que forman parte.
Raigal, que aprendió a bucear con el Ejército y se especializó en trabajos de alta mar, cumplió 33 años en el interior de la cueva mientras contribuía a los preparativos.
La misión de salvamento, en la que participaban más de mil personas, fue tomando forma poco a poco para superar las numerosas complicaciones con las que se encontraron los equipos de rescate.
Una hilera de soldados y voluntarios, entre ellos Raigal, llevó en volandas una vez fuera del agua a los rescatados -que permanecían postrados en una camilla- hasta la entrada, donde aguardaban los equipos sanitarios para el traslado al hospital de Chiang Rai.
“Hubo un sentimiento de liberación al completar el traslado del último de los atrapados... El objetivo era sacar a los chavales ‘cueste lo que cueste’ y lo conseguimos”, dice Raigal.








