Vidas rotas y en recuperación en Ucrania

 

Un niño de 11 años empuja a su hermana en un columpio afuera de un hospital de Leópolis, con las piernas de ella vendadas donde terminan tras ser amputadas. Su madre también perdió una pierna y en otra imagen consuela a la niña en su cama de hospital.

Yarik Stepanenko, su hermana gemela Yana y la madre de ambos, Natasha, intentaban tomar un tren que se dirigía al oeste —rumbo a un lugar seguro— desde la ciudad oriental de Kramatorsk cuando un misil cayó en la estación el 8 de abril. Yana perdió ambas piernas: una por encima del tobillo, la otra más arriba de la espinilla. Natasha perdió la pierna izquierda por debajo de la rodilla.

Yarik se quedó en la estación en el caos del ataque y resultó ileso. Ya está de vuelta con su madre y su hermana, que se recuperan en el hospital.

La familia Stepanenko es una de las muchas que están sufriendo las consecuencias de la guerra en Ucrania.

Iryna Martsyniuk, de 50 años, se para frente a su casa, la cual tiene el tejado reducido a algunas tablas y escombros amontonados junto a la puerta. Martsyniuk y sus tres hijos pequeños estaban en su vivienda en la localidad de Velyka Kostromka cuando ataques rusos la destruyeron, pero todos sobrevivieron ilesos.

En Járkiv, Roman Pryhodchenko se enjuga las lágrimas cerca de una ventana destrozada dentro de su casa dañada por varios ataques. En otros lugares, personas en duelo lloran ante los féretros de soldados ucranianos muertos.

En una zona recién recuperada cerca de Járkiv, las tropas ucranianas inspeccionan sótanos y edificios abandonados, mientras que en Kiev los militares suben cadáveres de soldados rusos a un vagón refrigerado.

Combatientes ucranianos evacuados de la asediada planta metalúrgica de Azovstal, en Mariúpol, se sientan cerca de una prisión en Olyonivka, en territorio controlado por la República Popular de Donetsk.

La siderúrgica había sido escenario de combates encarnizados durante semanas. El grupo cada vez más reducido de combatientes había resistido en la planta, atrayendo sobre sí bombardeos y fuego de artillería de Rusia antes de que su gobierno les ordenara abandonar la defensa y salvar sus vidas.