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La orfandad, la otra cara del feminicidio

Por El Universal

Mayo 10, 2021 03:00 a.m.

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Ciudad de México.- Es una de las consecuencias más dolorosas del machismo, de la misoginia que hay en México: la orfandad en la que yacen miles de niños y adolescentes que fueron mutilados de sus madres a causa de los feminicidios, perpetrados mayoritariamente por los esposos, novios o parejas de esas mujeres.

Nada más en lo que va del sexenio, de diciembre de 2018 hasta marzo de 2021, el gobierno federal censó a 4 mil 966 menores de edad en orfandad por los asesinatos de sus mamás, de acuerdo con datos oficiales obtenidos por El Universal, que proceden de las fiscalías de los estados y han sido recabados por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), organismo dependiente de la Secretaría de Gobernación (Segob) que concentró las cifras en el documento La violencia contra las mujeres en México, donde enumeró las estadísticas bajo el título: “Niñas, niños y adolescentes en orfandad por feminicidio”.

Sumados los datos provisionales de abril, recogidos por el reportero en las entidades (106 niños y adolescentes más), la cifra ha llegado a 5 mil 72 huérfanos.

Esta violencia tiene un ritmo depredador, incontenible, que destroza familias: implica un promedio mensual de 177 casos de orfandad por feminicidio entre diciembre de 2018 y marzo de 2021, al menos cinco niños huérfanos al día (5.9). Es decir, que en México casi seis niños pierden a sus madres cada jornada, porque fueron víctimas de feminicidios.

En este sexenio se han perpetrado 2 mil 222 feminicidios en el país (cifras hasta marzo, que son los datos disponibles más recientes en el Sistema Nacional de Seguridad Pública), lo que ha dejado un promedio de dos huérfanos (2.2) por cada caso de violencia letal contra la mujer.

De acuerdo con lo que indagó este diario, con el censo que está concluyendo, el gobierno federal pretende realizar un padrón de huérfanos para auxiliarlos con terapias y becas estudiantiles. También tiene la intención de ayudar con recursos económicos a quienes se hacen cargo de ellos, que por lo general son abuelos y tías.

Pero más allá de las cifras y de las políticas públicas, o de la ausencia de éstas, están las historias de dolor que padecen niños y adolescentes, y también quienes los cuidan, lo que muchas veces implica largos periodos de terapia. Son historias desgarradoras, muchas de las cuales ocurrieron antes de que iniciara el periodo del actual gobierno, lo que pone a esas víctimas en una mayor indefensión, porque podrían quedar fuera de programas de ayuda, ya que el censo federal sólo incluye, hasta ahora, a personas afectadas durante este sexenio.