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Residuos como recurso: nuevas rutas para la generación de materiales avanzados

Dra. Selene Acosta Morales Investigadora de la División de Materiales Avanzados del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT).

Por Redacción

Mayo 03, 2026 03:00 a.m.

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Residuos como recurso: nuevas rutas para la generación de materiales avanzados

En el epicentro de la urbanización acelerada, la humanidad genera montañas de desechos imposibles de gestionar. Restos de comida, aparatos electrónicos obsoletos, plásticos de un solo uso, escombros de construcción y residuos industriales se acumulan en vertederos, ríos y ciudades, evidenciando un modelo de consumo que produce más desechos de los que puede manejar. Cada año, millones de toneladas de basura son desechadas sin tratamiento adecuado, provocando contaminación del suelo, del agua y del aire. Sin embargo, en medio de este panorama, la ciencia ha comenzado a replantear una idea fundamental: la basura no es el final del ciclo, sino el inicio de uno nuevo.

Entre las distintas alternativas que se están explorando, el aprovechamiento de los residuos orgánicos se perfila como una de las más prometedoras. Uno de los caminos más relevantes surge de los residuos provenientes de la agricultura y la industria alimentaria. Cáscaras, restos de cultivos, residuos forestales e incluso desechos animales constituyen una fuente abundante de materia prima aún poco aprovechada. 

Tradicionalmente, estos residuos se quemaban o se dejaban descomponer, liberando gases de efecto invernadero. Hoy, en cambio, pueden transformarse mediante procesos como la pirólisis (un calentamiento a altas temperaturas en ausencia de oxígeno) en materiales ricos en carbono, como el biocarbono y el carbón activado. Estos materiales destacan por su versatilidad. Sus propiedades pueden ajustarse según el tipo de residuo y las condiciones de síntesis, lo que abre la puerta al diseño de materiales a la medida. 

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Así, residuos agrícolas como cáscaras de arroz, bagazo o restos de frutas se han convertido en adsorbentes capaces de remover contaminantes en agua, además de utilizarse en la mejora de suelos y en aplicaciones de almacenamiento de energía. Un ejemplo cercano es el trabajo del Dr. Román López Sandoval y su grupo en la División de Materiales Avanzados del IPICYT, donde aprovechan desechos como residuos de café y lirio acuático para producir carbón activado con aplicaciones en dispositivos de almacenamiento de energía como supercapacitores.

Este enfoque representa un cambio importante: en lugar de ver los residuos orgánicos como un problema, se entienden como una fuente renovable de materiales avanzados. Sin embargo, los residuos orgánicos no son los únicos con potencial. A medida que avanzamos hacia una sociedad cada vez más digitalizada, surge un nuevo tipo de basura: la electrónica. Teléfonos móviles, computadoras, televisores y dispositivos inteligentes tienen una vida útil cada vez más corta. La constante innovación tecnológica impulsa el reemplazo rápido de estos equipos, generando una creciente cantidad de desechos electrónicos. A diferencia de los residuos orgánicos, estos materiales no se degradan fácilmente y contienen sustancias peligrosas como plomo, mercurio o cadmio. Pero también encierran una oportunidad: son una verdadera "mina urbana".

Los dispositivos electrónicos contienen metales valiosos como oro, plata, cobre y paladio, que pueden recuperarse mediante procesos de reciclaje. Estos materiales son fundamentales para la fabricación de nuevos dispositivos, así como para tecnologías emergentes relacionadas con energías limpias, como baterías, celdas de combustible o sistemas de almacenamiento energético. 

Sin embargo, el reciclaje de residuos electrónicos sigue siendo limitado a nivel global. Solo una pequeña fracción de estos desechos se procesa adecuadamente, lo que implica una pérdida significativa de recursos y un aumento en la contaminación ambiental. Aquí es donde la conexión con los residuos orgánicos se vuelve evidente. Ambos tipos de basura requieren procesos específicos de transformación, pero comparten el mismo principio: recuperar valor de aquello que fue desechado. Mientras que la biomasa se convierte en materiales de carbono, los residuos electrónicos permiten recuperar metales y fabricar nuevos componentes. En ambos casos, la clave está en cambiar la percepción de la basura. 

Entre estos dos extremos, los residuos naturales y los tecnológicos,  existe un tercer gran protagonista: los plásticos. Estos materiales, diseñados por su durabilidad y resistencia, se han convertido en uno de los contaminantes más persistentes del planeta. Su acumulación en océanos, suelos y ecosistemas representa un problema ambiental de gran escala. Sin embargo, su misma resistencia puede convertirse en una ventaja si se gestionan adecuadamente.

En lugar de ser descartados, los plásticos pueden reciclarse y transformarse en nuevos materiales con aplicaciones industriales. Por ejemplo, se han incorporado en la fabricación de concreto, materiales de construcción y pavimentos, donde en algunos casos mejoran la resistencia mecánica y la durabilidad, al tiempo que reducen la cantidad de residuos que llegan a los vertederos. Este tipo de estrategias demuestra que incluso los desechos más problemáticos pueden convertirse en recursos útiles. 

En esta línea, en la División de Materiales Avanzados del IPICYT, el Dr. Armando Encinas y su grupo han desarrollado recubrimientos modificados con nanomateriales capaces de proteger metales contra la corrosión a partir de la transformación química del unicel, un plástico ampliamente utilizado que genera grandes volúmenes de basura. De manera complementaria, el Dr. Manuel Burelo trabaja en la degradación química y controlada de plásticos desechados, elastómeros y hules, como guantes de látex, nitrilo, y residuos de hules industriales para transformarlos en nuevos materiales con diferentes aplicaciones, utilizando procesos sustentables de degradación y reciclaje.

Lo interesante es que, aunque los residuos orgánicos, electrónicos y plásticos parecen muy diferentes, todos pueden integrarse en un mismo modelo: la economía circular. Este enfoque propone que los materiales no se desperdicien, sino que se mantengan en uso el mayor tiempo posible mediante su reutilización, reciclaje y transformación. 

En este contexto, la basura deja de ser el final del ciclo productivo y se convierte en una etapa intermedia dentro de un sistema más amplio. Para lograrlo, la ciencia y la ingeniería han desarrollado diversas estrategias de transformación. Entre ellas destacan los procesos térmicos como la pirólisis, que permiten obtener materiales carbonosos a partir de biomasa; los métodos químicos, que facilitan la síntesis de nuevos compuestos a partir de residuos; y los procesos mecánicos, que permiten reciclar plásticos y recuperar metales. Estas técnicas permiten convertir distintos tipos de residuos en una amplia variedad de materiales funcionales, como adsorbentes, catalizadores o componentes para dispositivos energéticos, entre muchas otras posibles aplicaciones.

A pesar de estos avances, los desafíos siguen siendo importantes. La infraestructura de reciclaje aún es insuficiente en muchas regiones del mundo, y la separación de residuos continúa siendo un problema. Además, algunos procesos de transformación pueden requerir altos costos energéticos o generar subproductos no deseados. Por ello, es fundamental seguir investigando tecnologías más eficientes y sostenibles. También es necesario un cambio cultural. La transición hacia un modelo donde la basura se convierta en recurso no depende únicamente de la ciencia, sino también de la sociedad. Reducir el consumo, reutilizar productos y separar adecuadamente los residuos son acciones clave para que estas tecnologías tengan un impacto real. 

En este sentido, la educación y la divulgación científica juegan un papel fundamental. Comprender que una cáscara de fruta puede convertirse en un material para limpiar agua, que un teléfono viejo contiene metales valiosos o que una botella de plástico puede formar parte de una carretera ayuda a cambiar la percepción de los residuos. Este cambio de mentalidad es esencial para avanzar hacia un futuro más sostenible.

En conclusión, la basura ya no debe entenderse como un problema sin solución, sino como una oportunidad. Los residuos orgánicos, electrónicos y plásticos representan fuentes de materiales con un enorme potencial. A través de la ciencia, es posible transformarlos en recursos valiosos que contribuyan a resolver algunos de los desafíos ambientales más urgentes. En un mundo con recursos limitados y una creciente demanda de materiales, aprender a aprovechar lo que desechamos no es solo una innovación, sino una necesidad.

Si te interesa saber más del tema, comunícate con 

la investigadora al siguiente correo electrónico:

 selene.acosta@ipicyt.edu.mx  

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