100 días
El mensaje de la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, el pasado 12 de enero en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México, fue contundente: en los primeros 100 días de gobierno se consolidó la percepción popular de que no habrá vuelta atrás al modelo neoliberal; por el contrario, se consolidará la orientación progresista que, desde 2018, inició la transformación institucional con el propósito de que la democratización de la vida pública nacional no fuera mera simulación. Se trató de un mensaje para el pueblo, para esa mayoría de la sociedad mexicana que, por supuesto, no es simple palabra que pueda ser tenida como vacía de contenido ni de referencia en abstracto. De allí la precisión concreta de alude a las mujeres, a los jóvenes, a las personas adultas mayores, a los trabajadores de los distintos sectores productivos, en suma, a la pluriversidad de lo que se conoce como nación mexicana y que es algo más que una “comunidad imaginada”, parafraseando la clásica definición de Benedict Anderson.
A diferencia de los gobiernos anteriores a la Cuarta Transformación, que carecían de planteamientos éticos para impulsar acciones institucionales de gobierno para favorecer a los más vulnerables, la presidenta de México dejó en claro que postulados como el de la economía moral representan una idea fuerza que guía las acciones encaminados a reivindicar los derechos de los más pobres de manera sostenida. Entre otros botones de amplia muestra, que ilustran la diferencia, está la referencia al caso de los salarios mínimos que con los gobiernos neoliberales alcanzó niveles de insulto para la dignidad de los trabajadores. ¿Quién en su sano juicio podría negar que antes no pasaba de algunos centavos el incremento anual a los mínimos? Sin duda, el poder adquisitivo del salario se ha visto beneficiado y, junto con eso, la capacidad de consumo para el bienestar de las familias y hasta las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo.
La presidenta Sheinbaum se refirió a uno de los ejes más importantes que tendrá su administración: el de la igualdad sustantiva de las mujeres para la reivindicación plena de sus derechos, sobre todo de las mujeres indígenas. Por cierto, cuando Ernesto Zedillo dizque gobernaba y no ocultaba su racismo contra los indígenas de Chiapas, se extrañaba de que a las mujeres dirigentes del EZLN se les llegara a considerar como comandantas. Así era el viejo régimen. Del tristemente célebre Zedillo ya se ha comentado bastante en este espacio y su reciente aparición pública para denostar al actual gobierno no representa más que un lodazal de viejos polvos.
Sin detenernos en el amplio listado de acciones iniciales del actual gobierno para estimular el consumo de las familias, la productividad de sectores diversos, la recuperación de áreas estratégicas del gobierno y demás proyectos que apuntan a fortalecer la soberanía económica del país, lo que se destaca en el mensaje de los primeros 100 días del nuevo gobierno es la esperanza viva de que las cosas no serán como antes de 2018, cuando el cúmulo de agravios a la gente se volvió insoportable socialmente.
Se avecinan momentos complicados por la postura del nuevo presidente estadounidense Trump, pero la presidenta Sheinbaum cuenta con amplio respaldo institucional y popular para enfrentar el desafío de las bravatas del gobernante gringo cavernario que, más temprano que tarde, encontrará los límites de su actuar en las contradicciones sociopolíticas que, en su propio país, históricamente se han gestado, así sea que, por lo pronto, represente la esperanza de una cierta oposición que, en el caso mexicano, nomás no encuentra la brújula para ganar respaldo ciudadano.
no te pierdas estas noticias