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¿A quién le importa?

Por José Ramón Jiménez Martínez

Julio 11, 2024 03:00 a.m.

A

No te afanes, alma mía, 

por una vida inmortal, 

pero agota el ámbito de lo posible.

A. Camus citando a Píndaro 

Lo que mayormente nos ocupa actualmente es el futuro; consideración hecha desde lo que se aprecia en los medios de comunicación.

Quiénes constituirán formalmente la próxima administración federal; qué perfiles tienen en base a la identificación de su trayectoria pública y personal; qué han declarado al respecto de sus nombramientos otros protagonistas del entramado político… así, sucesiva e indefinidamente, se va tejiendo la opinión pública sobre la configuración del futuro gabinete y ocupando el centro del entramado social que permea la opinión social y las conversaciones de los gobernados de banqueta.

Sólo marginalmente ocupan espacio la desaparición institucional del Partido de la Revolución Democrática (PRD); los reclamos entre dirigentes anteriores y los actuales del Partido Acción Nacional (PAN), así como la toma del control estatutario y operativo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por parte de la actual dirigencia contra el interés de exdirigentes.

¿Quién se acuerda del derrotado ante la celebración del triunfador?

“La historia la escriben los vencedores”, señalaba hacia mediados de la década de los cincuentas Eric Arthur Blair (conocido por su seudónimo de George Orwell). Expresión de completa vigencia en el escenario actual. 

No obstante, la vida democrática de una sociedad cualquiera requiere las voces discrepantes de quienes ostentan el poder, toda vez que, los intereses y necesidades de los habitantes de un grupo social no son absolutamente iguales, por más que la mayoría electoral haya optado por la oferta del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

En el marco del acontecer político nacional, lo que hoy vivimos no es totalmente nuevo; baste recordar que el PRI surge, precisamente, de la integración de muy diversas fuerzas sociales (algunas, incluso, formalmente opuestas) para dar un marco institucional al proceso de la lucha por el poder. 

Actualmente, asistimos a la integración de muy diversas fuerzas sociales (cada vez más diversas conforme el grupo en el poder amplía sus horizontes) en torno a la idea del bienestar social. Pero, el bienestar social tiene como condición necesaria, obtener el poder. Es decir, que, para que haya una política de bienestar social, el grupo que oferta dicha política requiere tener el poder del Estado, involucrarse en una lucha por el poder político.

Así, del mismo modo que el PRI se constituyó bajo la institucionalización de la lucha por el poder y se desarrolló hasta agotar-se frente a las diferencias de la cuestión de qué sentido darle al poder; del mismo modo, el devenir de lo que hoy se celebra, será su propia negación y el surgimiento de una antítesis que se alimente del mismo movimiento.

Siguiendo a Alain Touraine (sociólogo francés; 1925-2023) quien distingue entre revolución y movimiento social, para afirmar que las revoluciones buscan la transformación del Estado mientras que los movimientos sociales buscan la transformación de la conciencia de las personas; podemos considerar que, al final, la misma transformación de las conciencias se dirige al “poder-hacer”, “poder-lograr” el “bienestar”.

La concreción social de la idea del bienestar hoy en día se expresa en la superación de las condiciones sociales de desigualdad. Y, en tal sentido, la visión de integrar en MORENA las distintas fuerzas que hicieran posible el acceso al poder se ha logrado; es innegable que “la transformación” ocupa el imaginario social, los indicadores y los discursos, pero, la historia no se detiene y toda concreción social ha de transformarse.

Si bien las políticas de transferencias económicas han dado resultados para mejorar los indicadores de pobreza alimentaria, la vida social no se agota ahí y otros retos reclaman la visión del movimiento en el poder. Ahí, entonces, otras visiones, otras voces, se requieren. Aunque, no necesariamente las que hoy viven el ocaso de su protagonismo desde los partidos políticos que han agotado su discurso ante los retos del país. 

Más allá de las voces de las personas que como líderes de los partidos políticos han perdido ante el adversario en el poder es necesario reconsiderar los principios, las visiones y los derroteros de dichos partidos teniendo en cuenta que el futuro no se agota en un discurso predominante.

¡Ah! Pero, ¿a quién le importa?, si, como canta J. Serrat: “Hoy el noble y el villano/ El prohombre y el gusano/ Bailan y se dan la mano/ Sin importarles la facha”.

joseramonuhm@hotmail.com