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Al otro lado del camino

Por Jorge Chessal Palau

Septiembre 12, 2022 03:00 a.m.

A

Nuestro presente se conforma con todos nuestros recuerdos y nuestras vivencias y no podemos desligar lo que somos de lo que fuimos, de lo que escuchamos, de lo que sentimos, que lo que respiramos, de lo que vimos de lo que tocamos, de lo que comimos.

Toda persona, en algún momento, trae a su día de hoy su pasado; su mente se llena de aquellos momentos que impresionaron de tal manera que quedaron grabados en la permanencia de la añoranza.

La música es una de esas cosas que más impactan a la memoria con más fuerza.

Poco son en verdad quienes escuchando alguna melodía o la letra de alguna canción, no hacen una pausa en silencio mientras se abre paso el recuerdo del momento que ligamos con el sonido, con la melodía, con la voz, con las palabras, con el ritmo, con las pausas.

Cesare Pavese decía que no recordamos días, recordamos momentos. Y así es.

A los que hoy cincuenteamos, algunos ya desde hace varios años, como yo, la década de los ochentas forma aún parte de nuestro presente musical tanto como lo fue antes, compartido por nuevas generaciones que han mostrado su aprecio por lo que escuchábamos en aquella juventud y lo han hecho suyo.

La primera mitad el escenario ochentero estaba ocupado por música en inglés en buena medida, producto de nuestra cercanía con los Estados Unidos; sin embargo, en otras latitudes había extraordinarios grupos y cantantes qué tímidamente llegaban a ser escuchados en nuestro país en español.

Es en mil novecientos ochenta y seis cuando una campaña de BMG Ariola lanza una serie de recopilaciones en una colección llamada Rock en tu Idioma en el que se dieron a conocer muchos grupos españoles argentinos chilenos y por supuesto mexicanos que dieron un giro brusco y contundente para el gusto musical.

Soda Stereo, Miguel Mateos, Radio Futura, Miguel Ríos, Veni Vidi Vici, La Trinca, La Unión, Alaska y Dinarama, Hombres G, Los Toreros Muertos, Nacha Pop, Duncan Dhu, Orquesta Mondragón, Caifanes, Café Tacuba, Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Los Amantes de Lola, Bon y los Enemigos del Silencio y Fobia, solo por citar a unos cuantos, son nombres que nos remontan a aquellos años en que éramos optimistas y felices y lo sabíamos.

En aquellos días se dan a conocer y trasciende hasta nuestros días la banda argentina Enanitos Verdes, que hace poco más o menos tres meses se presentó en San Luis Potosí. Ahí tuvimos oportunidad de escuchar al grupo integrado por Felipe Staiti, Jota Morelli y Marciano Cantero, de quien hoy nos duele su reciente partida pero nunca ausencia.

Enanitos Verdes y Marciano Cantero serán el símbolo de una época en la que sus canciones, que nos hablan de murallas que dividen todo lo que fue de lo que será, de guitarras blancas que rompen el silencio, amigos que son luces y brillan en la obscuridad, trenes donde las palabras se agolpan en la garganta y ni siquiera se puede decir ¡hola!. Jamás se olvidarán.

En el aire flota un lamento, no solo boliviano, sino universal: el dolor por la pérdida de quien hizo de la música su vida; canciones que siempre estarán con nosotros y nos arrancarán los suspiros que siempre acompañan a la nostalgia y que empezaremos a cantar por lo bajo, como desde siempre.

En la página web de la banda se citan una palabras de San Agustín, que hoy comparto: “La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra. La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista? […] No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.”

@jchesssal