Alemania, México y AL: convergencias electorales
Los resultados electorales en Alemania son muy importantes y a mediano plazo repercutirán en la política latinoamericana, en un mundo globalizado, donde compartimos problemas y destinos comunes.
La era Merkel llegó a su fin, a la inteligente medida de resolver ella misma su alejamiento de la política, después de 16 años de Canciller germana, los alemanes le tomaron la palabra y coincidieron que era necesario un cambio. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) obtuvo la votación más baja en su historia (24.1%) y por escaso margen (25.7) el Partido Social Demócrata (PSD) triunfó, aunque para gobernar necesita ser aprobado con mayoría absoluta (+50%). Esto implica la necesidad de alianzas. La segunda cuestión estaría referida a la dinámica de las segundas fuerzas políticas, la ultraderecha, el neonazi Alternativa por Alemania perdió votos (10.3%) y los Verdes (14.8%) se consolidaron como la tercera fuerza. Los Verdes son la fuerza política con futuro pues obtuvieron el 22% de la votación de menores de 30 años.
Este cambio de fuerzas deja a los partidos democratacristianos y “populares” europeos sin ningún país importante, con lo que se fortalecen las posiciones de la Social Democracia en Europa que estaría en consonancia con el triunfo de Biden en EU.
La Reunión de la CELAC en México que se hizo con la presencia de todos los países del continente, sin Estados Unidos y Canadá, tuvo discursos del representante de la Unión Europea y del presidente de la República Popular China. Esta nueva correlación de fuerzas implicaría un fortalecimiento de la socialdemocracia en América Latina.
Alemania era la expresión de más peso que tenía la Democracia Cristiana a nivel mundial y a través de la Fundación Konrad Adenauer financiaba estudios para fortalecer a sus partidos vinculados como Acción Nacional (PAN) en México; la Democracia Cristiana en Chile, que tendría algunas posibilidades en las elecciones de noviembre. El conservadurismo católico latinoamericano y norteamericano tiene claro en lo que no están de acuerdo: el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero carece de un programa político que le permita consolidarse como una opción de poder.
El gran “ausente” en esta dinámica político religiosa es el papa Francisco. Es evidente que la estrategia vaticana no pasa por el respaldo a la Democracia Cristiana, ni a los proyectos de la ultraderecha, sino que prefiere respaldar líderes populares con proyectos sociales y arraigo de bases, que en forma ostensible no se les pueda vincular con las tradicionales bases conservadoras católicas de América Latina. Otro actor discreto, pero muy concreto son las bases protestantes y evangélicas progresistas que respaldan movimientos sociales en América Latina y que Francisco sabe que le conviene aliarse con ellos. Los resultados de estas confrontaciones son de pronóstico reservado.
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