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Por Jorge Chessal Palau

Abril 11, 2022 03:00 a.m.

A

La de hoy es una de las columnas que más he dudado en escribir y es que el día de ayer en México se vivió una gigantesca mascarada, en la cual la gente (poca) salió a decir si quería o no que López se quedará en el cargo en ejercicio del derecho de revocación de mandato qué se encuentra en la Constitución. Revocación que más bien se ha tratado como ratificación y que es una enferma idea para desperdiciar dinero y tener pretexto de atacar al INE, entre otros aviesos fines.

Cómo es lógico, de principio pensé en escribir algo que tuviera que ver con el tema pero duele tanto ver la sumisión de los que tienen fe en López y lo consideran una esperanza (que defrauda día con día) que en realidad ha llevado al país a uno de los peores momentos de su historia reciente, por lo que mejor decidí no hacerlo.

También tuve en mente escribir sobre lo resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación la semana pasada respecto a la ley de la industria eléctrica, pero cómo se ha escrito ya tanto sobre eso y además lo único que pasó es que no pasó nada, porque la decisión de la Corte deja las cosas exactamente como estaban un día antes de que viéramos el triste espectáculo de cuatro fieles y obedientes vasallos togados votar a favor de declarar constitucional algo que evidentemente no lo es, también deseché la idea.

Por eso, el día de hoy decidí alejarme de los temas en boga y me disculparán que dedique este espacio a compartir con ustedes una cuestión muy personal, como lo es el dejar constancia de cuáles son los cinco libros que ocuparían los puestos más altos de los que he leído a lo largo de toda mi vida

Sé que muchos pensarán que poco les importa mi hábito de lectura y tal vez tengan razón pero yo creo qué es tan triste lo que pasa en nuestro México y se escribirá tanto por tantos sobre lo ocurrido el día de ayer, que yo prefiero voltear a otro lado por un momento, pensar que no es posible tanta irracionalidad como la que demostraron quiénes apoyaron a López en las urnas o en la Corte y mejor ocuparnos de cosas más relajantes.

Comenzaré sin duda con La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, de Julio Verne. A este libro tuve acceso primero en esas versiones juveniles que incluían algunas viñetas y que luego leí ya en la edición formal.

Siempre he pensado que el mensaje que encierra esta narración, que nos da cuenta de la apuesta y el viaje fantástico que emprende Phileas Fogg a lo largo de todo el planeta, abandonando su vida ordenada y meticulosa, para demostrar su afirmación a sus compañeros de club de que el mundo se empequeñece a día con día es fantástico.

El segundo en mi lista, que no va por orden de importancia sino como vinieron a la mente al estar escribiendo, es El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco.

Una verdadera pieza de arte narrativo, un cuidado trabajo de elevado contenido que llama a la reflexión, pero inmerso en una trama detectivesca en un monasterio medieval, donde un monje investiga una serie de asesinatos.

El siguiente es el Tractatus Lógico-Philosophicus, de Ludwig Wittgenstein, libro escrito bajo un formato de proposiciones numeradas que llaman a la obligada reflexión: “El mundo es todo lo que acontece”, “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo” o bien “De lo que no podemos hablar, es mejor callar” son solo algunas que, colocadas en su contexto, abren grandes espacios para el discurrir del pensamiento.

El cuarto sitio lo ocupa un libro muy sencillo, muy pequeño y poco conocido, del escritor José Saramago, llamado El Cuento de la Isla Desconocida, que narra la historia de un hombre que decide hacerse a la mar en busca de esa isla que no aparece en ningún mapa. Estoy seguro de que, luego de leerlo, su visión sobre muchas cosas cambiará.

Dejé para el final una verdadera joya, Los Hijos de Nuestro Barrio, de Naguib Mahfuz. Este libro narra de manera alegórica la historia de las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) de una manera magistral, en una novela que no tiene comparación, a mi manera de ver.

Podría agregar muchos más pero prometí cinco y no quiero aburrirlos. 

Sirva esta columna como un brevísimo oasis en medio de la desgracia nacional que es tener a López como presidente.

@jchessal