No hay plazo que no se cumpla. Esta semana, lectora, lector querido, han iniciado las campañas del proceso electoral 2018 y me va a permitir compartir con usted un par de ideas, dado que, si me las guardo, puede ser que explote y me quedaría yo con el pendiente de dejarlo sin qué leer el martes que entra. Me va a perdonar si el tema no le cae simpático, pero deme chance, porque a pesar de lo interesante que se me hace este período, cuyo resultado será elegir a unos 3,400 funcionarios de elección popular, hoy estoy especialmente preocupada.
Ayer leía algunas encuestas que pronostican que, de seguir con la misma tendencia, estas elecciones serán complicadas y no porque se prevé que quien gane lo haga por un margen mínimo; sino porque el ganador, por lo menos para la presidencia de la república, tendrá, si los números no se equivocan, un 60% del total de votos en su contra, dado que se vaticina que cuente, si bien le va, únicamente con un 40% a su favor y que el resto se difumine entre los otros candidatos. En otras palabras, el próximo presidente gobernará de inicio con un apoyo mínimo.
Aunado a esto, el porcentaje de personas que de plano no van a ir a votar se pronostica sea alto. Así, el siguiente presidente gobernará con un respaldo magro. No escribo presidenta porque esta vez sólo un milagro de esos míticos del Antiguo Testamento –en el Nuevo son más moderados- permitiría que Margarita Zavala liderara la contienda. Se cree, además, que no habrá votos en cascada, es decir, quizá alguien vote por x partido para la presidencia, por otro para el senado, otro para diputado federal, otro para local y por otro para la presidencia municipal. Así, quien gobierne, tendrá que actuar en un escenario con escenografía muy variadita. De ahí la fuente de mi principal preocupación. Me explico.
Sin querer atribuir al diálogo propiedades mágicas, creo que una de las principales características democráticas es la capacidad de sentar en la misma mesa a Judas con Jesucristo, a Ariadna con el Minotauro, al Coyote con el Correcaminos o a Voldemort con Harry Potter y lograr que no se maten entre sí. Para tal cosa, dejen ustedes de lado la condición previa de mínima empatía y tomemos en cuenta las de madurez y tolerancia. Hasta ahora, lejos de ver tales características, observo cierto rasgo propios de puro escuincle malcriado, de esos que se empecinan en ser poseedores de la verdad absoluta. Empezamos mal. Tal actitud equivale a llenar de dulces al niño indigestado y dar material a todas aquellos que, con cierta razón, se declaran hartos de la política en todas sus vertientes y francamente asqueados de los políticos, cortado a todos ellos con la misma injusta, pero popular, tijera genérica de la corrupción.
Creo que hemos iniciado con una gran muestra de altanería. Se ha vuelto una misión casi imposible alejar a López Obrador de posturas abstractas pero que entran fácil al oído, a Meade de dirigirse a círculos fuera de su zona de confort y a Anaya de una realidad desconectada que, por parecer cool, olvida que la mayoría de los votantes no dan un quinto por un hackaton en Santa Fe y lo que quieren es sencillita electricidad en sus comunidades.
Ahora bien, por otro lado, reconozco la perseverancia de López Obrador (el cuate da cátedra de paciencia), la preparación académica y la carrera en el servicio público de Meade que, digan lo que digan, aventaja por mucho en esos dos rubros a sus contrincantes, y la habilidad y buen manejo del escenario de Anaya, que, a mi gusto, se lleva de calle a los otros dos al hablar en público.
Por lo pronto, en el espacio local, no puedo con tanto pragmatismo político. Especialmente las candidaturas al senado me han tenido en un debate interno entre reír o llorar: ya sube una, ya baja la otra, ya entra el pariente, sale otro pariente, entra quien ni siquiera se inscribió y bueno, que dijo mi mamá que siempre no. Si Jorge Ibargüengoitia viviera, seguro podría escribir una versión actualizada de los Relámpagos de Agosto sin bronca. Le llamaría Las Lloviznas del Tangamanga o algo así. Bendito Dios que ese tema ya quedó resuelto. Parece…
La política local se vuelve mucho más concreta. Tiene caras conocidas, nombres propios. Fíjese usted que, por circunstancias de la vida, soy amiga de varias personas que militan en diferentes partidos políticos, especialmente mujeres, y yo no niego mis querencias. Tengo un divertido grupo de amigas bien prístas, otras que son súper panistas, unas que también me caen re bien y militan en las izquierdas potosinas. Todas ellas trabajan activamente por sus partidos e incluso algunas buscan obtener cargos de elección popular. Y luego, estoy yo, que cuando fue el sorteo y me pusieron el mismísimo sombrero que decide en que casa vivirán los nuevos aprendices de mago en Howarts, conmigo, en lugar de gritar: “-¡PRI!, ¡PAN!, ¡PRD!-“ O los que le sigan, gritó “-Usté sin casta-“ y me sacaron del huacal. No niego que está solitario el asunto y que a veces un bando me ve con cierta desconfianza si me echo unos tacos con el bando contrario y viceversa; pero francamente me siento bien donde estoy porque me da chance de escuchar de primera mano todas las ideas. Sin embargo, lo mejor es que últimamente hemos hecho un esfuerzo para todas, toditas, toditititas sentarnos juntas a la misma mesa, porque hemos visto que el bollo no anda como para pelar por distintos hornitos. Ha sido enriquecedor, divertido, estimulante, esperanzador y espero continúe. Un tema que a todas nos preocupa, por ejemplo, es el asunto de la paridad, que hemos visto, lejos de quedar concluido con el 50% de espacios para mujeres, tiene aún mucha hebra por sacar. Nomás analice en dónde quedaron las mujeres, en qué presidencias municipales contenderán, en qué distritos pelearán sus curules. Falta un montón.
Yo no soy nadie, lectora, lector querido, para pedirle que ponga atención los siguientes tres meses y se interese por el proceso electoral. Pero me atrevo a recomendarle que lo haga. Tenemos un país en juego y nos necesita. No podemos dejarlo a la deriva. No se deje llevar por lo que le digan. Si alguna duda le surge, quizá yendo al sitio web www.verificado.mx lo saquen de la duda para saber si tal figura sí dijo lo que viene en el meme, o si tal dato que le dio el candidato es cierto. Hay, afortunadamente, muchas maneras de estar al día.
Es importante que platiquemos entre nosotros, que no vetemos ni política ni religión de las cocinas de las casas, porque para entender la fuerza de las ideas, lo primero es saber qué piensa el otro, aunque no estemos de acuerdo. Creo que en cierto sentido, el uso de camisas blancas que han adoptado todos los candidatos dejando de lado sus tradicionales rojo, azul, o amarillo, debe de recordarnos que justo el blanco es la suma de todos los colores y es precisamente lo que ahora necesitamos. Si nos sumamos todos, y en especial todas, hasta yo me pongo la camisa blanca.
Envío: A Martha, Jose, Pili, Marce, Natalia, Miriam, Cecy y a las que no aparecerán en las boletas, pero estarán trabajando por sus convicciones en una arena nada fácil. Les deseo que sean ejemplo de buena política.
Ayer leía algunas encuestas que pronostican que, de seguir con la misma tendencia, estas elecciones serán complicadas y no porque se prevé que quien gane lo haga por un margen mínimo; sino porque el ganador, por lo menos para la presidencia de la república, tendrá, si los números no se equivocan, un 60% del total de votos en su contra, dado que se vaticina que cuente, si bien le va, únicamente con un 40% a su favor y que el resto se difumine entre los otros candidatos. En otras palabras, el próximo presidente gobernará de inicio con un apoyo mínimo.
Aunado a esto, el porcentaje de personas que de plano no van a ir a votar se pronostica sea alto. Así, el siguiente presidente gobernará con un respaldo magro. No escribo presidenta porque esta vez sólo un milagro de esos míticos del Antiguo Testamento –en el Nuevo son más moderados- permitiría que Margarita Zavala liderara la contienda. Se cree, además, que no habrá votos en cascada, es decir, quizá alguien vote por x partido para la presidencia, por otro para el senado, otro para diputado federal, otro para local y por otro para la presidencia municipal. Así, quien gobierne, tendrá que actuar en un escenario con escenografía muy variadita. De ahí la fuente de mi principal preocupación. Me explico.
Sin querer atribuir al diálogo propiedades mágicas, creo que una de las principales características democráticas es la capacidad de sentar en la misma mesa a Judas con Jesucristo, a Ariadna con el Minotauro, al Coyote con el Correcaminos o a Voldemort con Harry Potter y lograr que no se maten entre sí. Para tal cosa, dejen ustedes de lado la condición previa de mínima empatía y tomemos en cuenta las de madurez y tolerancia. Hasta ahora, lejos de ver tales características, observo cierto rasgo propios de puro escuincle malcriado, de esos que se empecinan en ser poseedores de la verdad absoluta. Empezamos mal. Tal actitud equivale a llenar de dulces al niño indigestado y dar material a todas aquellos que, con cierta razón, se declaran hartos de la política en todas sus vertientes y francamente asqueados de los políticos, cortado a todos ellos con la misma injusta, pero popular, tijera genérica de la corrupción.
Creo que hemos iniciado con una gran muestra de altanería. Se ha vuelto una misión casi imposible alejar a López Obrador de posturas abstractas pero que entran fácil al oído, a Meade de dirigirse a círculos fuera de su zona de confort y a Anaya de una realidad desconectada que, por parecer cool, olvida que la mayoría de los votantes no dan un quinto por un hackaton en Santa Fe y lo que quieren es sencillita electricidad en sus comunidades.
Ahora bien, por otro lado, reconozco la perseverancia de López Obrador (el cuate da cátedra de paciencia), la preparación académica y la carrera en el servicio público de Meade que, digan lo que digan, aventaja por mucho en esos dos rubros a sus contrincantes, y la habilidad y buen manejo del escenario de Anaya, que, a mi gusto, se lleva de calle a los otros dos al hablar en público.
Por lo pronto, en el espacio local, no puedo con tanto pragmatismo político. Especialmente las candidaturas al senado me han tenido en un debate interno entre reír o llorar: ya sube una, ya baja la otra, ya entra el pariente, sale otro pariente, entra quien ni siquiera se inscribió y bueno, que dijo mi mamá que siempre no. Si Jorge Ibargüengoitia viviera, seguro podría escribir una versión actualizada de los Relámpagos de Agosto sin bronca. Le llamaría Las Lloviznas del Tangamanga o algo así. Bendito Dios que ese tema ya quedó resuelto. Parece…
La política local se vuelve mucho más concreta. Tiene caras conocidas, nombres propios. Fíjese usted que, por circunstancias de la vida, soy amiga de varias personas que militan en diferentes partidos políticos, especialmente mujeres, y yo no niego mis querencias. Tengo un divertido grupo de amigas bien prístas, otras que son súper panistas, unas que también me caen re bien y militan en las izquierdas potosinas. Todas ellas trabajan activamente por sus partidos e incluso algunas buscan obtener cargos de elección popular. Y luego, estoy yo, que cuando fue el sorteo y me pusieron el mismísimo sombrero que decide en que casa vivirán los nuevos aprendices de mago en Howarts, conmigo, en lugar de gritar: “-¡PRI!, ¡PAN!, ¡PRD!-“ O los que le sigan, gritó “-Usté sin casta-“ y me sacaron del huacal. No niego que está solitario el asunto y que a veces un bando me ve con cierta desconfianza si me echo unos tacos con el bando contrario y viceversa; pero francamente me siento bien donde estoy porque me da chance de escuchar de primera mano todas las ideas. Sin embargo, lo mejor es que últimamente hemos hecho un esfuerzo para todas, toditas, toditititas sentarnos juntas a la misma mesa, porque hemos visto que el bollo no anda como para pelar por distintos hornitos. Ha sido enriquecedor, divertido, estimulante, esperanzador y espero continúe. Un tema que a todas nos preocupa, por ejemplo, es el asunto de la paridad, que hemos visto, lejos de quedar concluido con el 50% de espacios para mujeres, tiene aún mucha hebra por sacar. Nomás analice en dónde quedaron las mujeres, en qué presidencias municipales contenderán, en qué distritos pelearán sus curules. Falta un montón.
Yo no soy nadie, lectora, lector querido, para pedirle que ponga atención los siguientes tres meses y se interese por el proceso electoral. Pero me atrevo a recomendarle que lo haga. Tenemos un país en juego y nos necesita. No podemos dejarlo a la deriva. No se deje llevar por lo que le digan. Si alguna duda le surge, quizá yendo al sitio web www.verificado.mx lo saquen de la duda para saber si tal figura sí dijo lo que viene en el meme, o si tal dato que le dio el candidato es cierto. Hay, afortunadamente, muchas maneras de estar al día.
Es importante que platiquemos entre nosotros, que no vetemos ni política ni religión de las cocinas de las casas, porque para entender la fuerza de las ideas, lo primero es saber qué piensa el otro, aunque no estemos de acuerdo. Creo que en cierto sentido, el uso de camisas blancas que han adoptado todos los candidatos dejando de lado sus tradicionales rojo, azul, o amarillo, debe de recordarnos que justo el blanco es la suma de todos los colores y es precisamente lo que ahora necesitamos. Si nos sumamos todos, y en especial todas, hasta yo me pongo la camisa blanca.
Envío: A Martha, Jose, Pili, Marce, Natalia, Miriam, Cecy y a las que no aparecerán en las boletas, pero estarán trabajando por sus convicciones en una arena nada fácil. Les deseo que sean ejemplo de buena política.

