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Cartera versus carita

Por Óscar G. Chávez

Junio 12, 2021 03:00 a.m.

La mañana del 14 de mayo almorzaba por el rumbo de Tequis con un amigo, conocedor como pocos de la urdimbre y la trama de la política potosina, que luego de exponerme una serie de bien fundados razonamientos enfáticamente afirmaba ver a Octavio ganar las elecciones.

El 21 de mayo cerca de la media noche y después de una escala técnica en unos tacos grasientos por el rumbo del jardín de Santiago, me hicieron favor de llevarme a la casa en la que duermo; poco antes de bajarme de la camioneta,  y a manera de corolario a la plática sostenida todo el camino, el conductor y amigo –certero operador político y de acceso a información privilegiada– sentenciaba: las traiciones contra Octavio estarán a la orden del día, las operaciones se están dando a favor de la doctora, ella será la ganadora. 

En medio de la comida del martes ocho de junio, mientras festejábamos el cumpleaños 73 de mi querido amigo Guillermo Mejía, otro de los  comensales –especialista en el manejo del sofisticado arte electoral que se maneja en el Ceepac– apostaba una comida para cuatro (los mismos que compartíamos alimentos) a que transcurrirían varios días después del domingo 13, para que se entregara constancia de mayoría al presunto ganador de las elecciones. Hoy sé que entre los cuatro restaurantes propuestos (uno italiano y tres argentinos), acabará saldando la deuda en uno del poniente de la ciudad. 

No es el recorrido gastronómico de banqueta y de etiqueta (aunque así pareciera) en lo que quiero detenerme, sino en que dentro de ninguno de los escenarios, aún ya transcurrido el proceso electoral, se encontraba Ricardo Gallardo como opción de triunfo. Reitero, los tres interlocutores y amigos, son personas que llevan años de conocer y analizar el juego político de los potosinos. 

Considerando pues, que para una gran mayoría de los potosinos Octavio era la mejor opción como gobernador, ¿por qué obtuvo el triunfo Ricardo Gallardo? Son una serie de factores superficiales los que permitirían hacer un esbozo de la situación, pero es evidente que OPG como candidato no tuvo la energía, ni el empuje, ni el arrastre, ni el recurso económico suficiente, ni los colaboradores idóneos, ni sus estrategias de campaña fueron las más adecuadas; a esto habría que agregar la propia actitud del candidato quien lejos de sumar opiniones, se encerraba en las propias, en tanto que  relegaba a quienes las formulaban.

Faltaría desde luego escarbar en aquellas que no fueron perceptibles, como la traición interna, hoy demostrable y perceptible a simple vista a partir de los resultados electorales; la geografía electoral es una cartografía de la infamia. La externa es un secreto a voces, bien sabidas son las negociaciones contrarias al candidato de la Coalición, en las que participaron Elías Pesina y Alejandro Leal operando a favor de la doctora (y hasta posiblemente a favor del Verde). 

A esto agreguemos que las campañas mediáticas a favor de Octavio, y en contra de Ricardo Gallardo, no necesariamente llegaron al público al que debían llegar, o de la forma en que debían llegar; me explico: ocurre lo mismo que con las encuestas, no se buscó que circularan en un entorno específico, se buscó la circulación en redes sociales que llegaron en su mayor parte a aquellos que ya estaban convencidos en votar por él. No hubo operación en otros espacios en los que podían tratar de debilitar las estructuras gallardistas.     

Para nadie es un secreto, tampoco, que el dinero sucio corre a raudales en las campañas electorales; en ésta, no con las mismas cantidades, pero circuló entre los tres candidatos puntales, sólo que no los tres supieron de qué manera aprovecharlo en su beneficio.   Seamos realistas, la democracia se apuntala mediante simpatías y voto comprado o inducido. A uno –desde el occidente– le llegó muy tarde, y al otro desde tiempo atrás lo abastecían del oriente.  

Ricardo Gallardo llegará a la gubernatura con 458,156 votos, contra 400,273 de Octavio Pedroza; es decir, una diferencia de 57,883 votos. Nunca, hasta esta elección, alguien había alcanzado la gubernatura con tal cantidad de votos; el doctor Fernando Toranzo, se perfiló como gobernador electo con 427 mil votos. Llega pues, con el mérito –no sé si el único– de ser el gobernador más votado de la historia, 

Pero también llega con la arrogancia y prepotencia que lo han caracterizado a él y sus personeros; ya una muestra la tuvimos el día posterior a las elecciones en que su padre amenazaba directamente al gobernador. Llegará, también, de nueva cuenta el guarurismo que muchos pensamos ya erradicado con la salida del iracundo doctor Toranzo y su paranoica esposa. Es necesario reconocer que el actual y ya saliente gobernador nunca fue afecto a ese tipo de demostraciones.

Llegará de nueva cuenta el saqueo a las cuentas públicas (porque ahora habrá varias), y también la garantía de la impunidad; si no, volteemos a ver a Mónica Rangel, que no gratuitamente corrió a levantar la mano  (como fuera, ya también estaba hecha la negociación con Octavio).

Seguro también llegará, porque ahora si sabrán ejercer poder y autoridad, la represión a algunas formas distintas de pensar, lo cual mucho me recuerda aquel genial epigrama de Ernesto González Fariño: “La emisión del pensamiento / ya va a tener garantías; / más tengo el presentimiento / que si digo lo que siento, / voy a las Islas Marías.”

Hoy, alrededor de las 10 de la  mañana, Octavio Pedroza dará una conferencia de prensa, valdrá la pena conocer su postura frente a los contundentes resultados. Nada hay que  reclamarle, el pueblo eligió (por voluntad o billete), y los que acaso pudieran hacerlo,  son los mismos que permanecieron pasivos y silentes  en el transcurso de la campaña. Cartera mató carita.   

Gracias por la lectura.