Certeza en los resultados

La celebración de elecciones libres y justas se relaciona con la garantía plena de que la voluntad de las y los electores se refleja en los resultados de la elección. Es un asunto de integridad electoral -un concepto fundamental, pero poco discutido en los espacios políticos y académicos en México-. La integridad electoral supone la existencia de un conjunto de dispositivos -muchos, en realidad- que se adoptan para proteger la honestidad y transparencia del proceso: un marco legal justo e igualitario; un sistema de administración profesional, transparente e imparcial; el diseño de mecanismos que permiten garantizar que todas las personas y organizaciones que participan en las distintas etapas del proceso, puedan colaborar en su vigilancia. También está la parte de los tribunales, esa que Usted ya conoce.

Para que tengamos elecciones libres y justas, necesitamos todos esos procedimientos, pero también requerimos conductas éticas de los contendientes. De ello depende la confianza de la ciudadanía en el proceso. Vamos por partes.

Contrario a lo que se piense, la elección no termina a las seis de la tarde del día de la jornada electoral. Ahí terminó la votación, lo que sigue es validar la certeza de sus resultados. Le cuento: El proceso electoral local en San Luis Potosí se compone de distintas etapas que están señaladas en el artículo 285 de nuestra ley electoral: (1) preparación de la elección, que se inició con la sesión de instalación en septiembre de 2020 y concluyó hasta antes del inicio de la jornada electoral; (2) jornada electoral, que inició a las 08:00 horas del día de la elección y concluyó con la clausura de las casillas, y (3) resultados y declaración de validez de las elecciones.

Esta última etapa es en la que nos encontramos ahora; inicia con la remisión de la documentación y expedientes electorales de las mesas directivas de casilla a los comités municipales o a las comisiones distritales electorales; y concluye con los cómputos y declaraciones de validez que realicen estos organismos electorales, o las resoluciones que en su caso emita el Tribunal Electoral, según la elección de que se trate.

La etapa de los cómputos es fundamental. Consiste en sumar los resultados de todas las actas de escrutinio y cómputo de las distintas casillas localizadas en un distrito electoral o en un municipio. Hay que recordar que el conteo de los votos fue realizado previamente en las casillas, al cierre de la jornada electoral. Este proceso comienza el miércoles siguiente al día de la elección y al término de este ejercicio, se tendrá el resultado definitivo.

¿Recuerda Usted la arenga de "voto por voto, casilla por casilla"?. Pues bien. La esencia que supone esta exigencia tiene que ver con el llamado a la certeza. La voluntad de la ciudadanía ya se encuentra depositada dentro de los paquetes electorales -esa no la cambia nadie-; la etapa de los cómputos permite realizar recuentos, es decir, procedimientos que permiten garantizar que las actas en donde se consignan los resultados de la casilla, reflejen con exactitud la cantidad de votos que recibió cada candidatura en la casilla en cuestión. Cuando en el acta se identifica que puede haber errores o inconsistencias, la ley prevé supuestos que permiten abrir nuevamente un paquete electoral, contar nuevamente los votos y corregir las actas -en el caso de que existan variaciones-. La ley dispone que no se puede expedir una constancia de mayoría antes de este acto. Insisto: se trata de tener plena certeza de que las cuentas están bien hechas.

Todos estos procedimientos se apegan de manera estricta a las disposiciones que nos hemos dado -por medio de las leyes- para dar certeza a lo que se hace. Pero como lo dije al inicio de este texto, también requerimos del comportamiento ético de quienes contienden en la elección. Antes, durante y después de las votaciones. 

Por aquello de que existen quienes buscan minar la confianza en el proceso. Frente a los mitos y narrativas parciales: certeza, integridad y resultados precisos.

Twitter. @marcoivanvargas