Cinco años
La pandemia de Covid-19 que cobró la vida de más de 334 mil muertes en México evidenció la vulnerabilidad social, económica e institucional en su capacidad de respuesta a un problema público con múltiples causas y consecuencias. La propagación del virus fue muy rápida, en menos de un mes ya estaba presente en prácticamente todos los países del mundo. Se mostró a una sociedad vulnerable a causa de enfermedades crónico – degenerativas, una economía con empleos precarios, sin acceso a la seguridad social y sistemas de salud, públicos y privados, abandonados y sin capacidad de atender una enfermedad de grandes magnitudes. Han pasado cinco años y poco a cambiado.
Hacia finales de marzo de 2020, el Consejo General de Salubridad decretó la suspensión de todas las actividades no esenciales, que obligó a la mayoría de la población a quedarse en casa, a evitar reuniones, pero lo más grave a quedarse sin sustento económico. Las calles de ciudades, municipios y comunidades estaban desoladas, sin ninguna actividad, se percibía miedo, angustia, incapacidad ante un enemigo sin rostro, miles de personas se contagiaron, las instituciones de salud fueron insuficientes para atenderlas, muchas lograron superar el contagio, pero otras no, jamás regresaron a sus hogares, sus familiares no pudieron despedirse de ellas y aún sufren su ausencia.
Fue un problema no solo de salud, también evidenció la debilidad de nuestras instituciones para asuntos públicos de esta magnitud. El diseño y capacidad operativa de las organizaciones gubernamentales funcionan en un contexto de normalidad, pero no en uno de emergencia que demanda actuaciones inmediatas. El sistema de salud demostró deficiencias en infraestructura y poco personal, con procesos de atención tradicionales, incapaces de utilizar el desarrollo tecnológico. El sistema de educación sin modelos pedagógicos para una educación a distancia, se perdieron dos años que jamás podrán ser recuperados y una sociedad resistente al cuidado de su salud, que solo se preocupa cuando las causas ya son irremediables.
Cinco años han pasado y todo sigue igual. La actividad científica, la responsable de generar conocimiento que contribuya a producir información que permita vivir en instituciones capaces de enfrentar contextos turbulentos y conflictivos ha sido abandonada, despreciada y marginada por los actores gubernamentales, sus prioridades son otras, la ciencia no. La comunidad científica, en su mayoría, no toda, ha quedado paralizada en sus marcos teóricos y metodológicos tradicionales, que dan cuenta de situaciones sociales globales, pero no locales, que consideren factores contextuales inmediatos, coyunturales y ambiguos que permitan interpretar el comportamiento humano en situaciones inciertas como la generada por la pandemia.
En resumen: cinco años han pasado de la situación de emergencia que vivió toda la humanidad, que exhibió nuestra debilidad institucional: una sociedad que descuida de manera permanente su salud, un sistema de salud abandonado por el gobierno y los actores de mercado, un sistema de educación con grandes deficiencias, un sistema económico con altos niveles de precariedad laboral, un sector científico debilitado y una comunidad científica con métodos tradicionales de interpretación de los fenómenos sociales. Los aprendizajes fueron muchos, pero las soluciones pocas, aún estamos a tiempo de emprender, en cada uno de nuestros propios espacios, lo que a cada uno nos corresponde. Próxima colaboración: 08 de abril de 2025.
@jszslp




